Una vaca naranja con gorra roja

Si me pusiera a escribir un non-fiction sobre las cosas que me pasan últimamente, hasta mis amigos más íntimos se pensarían que es un yes-fiction. Lo que ocurre es que, de un tiempo a esta parte, el mundo exterior resulta tan vistoso y flamenco que tampoco hay manera de creérselo. Uno enciende la tele y ya no sabe si está viendo una película o un telediario. Más aún, teniendo en cuenta la cantidad de telediarios de ficción que proliferan por esas televisiones y emisoras de radio, que cualquier día van a dar la noticia de que me han nombrado ayatolá en Isfahán o arzobispo en Cuenca. Estaría bien que me avisaran con un poco de antelación, para saber si tengo que afeitarme la barba o dejármela bien frondosa.

Cada día que pasa, me acuerdo más de aquel cura que nos decía en clase de religión la suerte que íbamos a tener los niños de nuestra generación, porque íbamos a vivir el apocalipsis. Que un visionario con sotana diga esas cosas a niños de doce años no da tanto miedo como que las diga un comandante en jefe arengando a sus tropas. De hecho, no ha sido uno sino varios altos mandos de las fuerzas de combate........

© Público