El cumpleaños del emperador

Que con ochenta palos encima Donald Trump dirija los destinos del mundo, da una idea de en qué manos están los destinos del mundo, también de lo fácil que debe de ser dirigirlos, mucho más que dirigir una orquesta sinfónica, una panadería o un bar de carretera. Isabel II siguió reinando hasta el último aliento, cuando falleció a los 96 años, al pie del cañón, y para el caso tampoco había mucha diferencia. Es evidente que, a esas inhóspitas edades, ninguno de ellos difícilmente hubiese podido sacar adelante un negocio familiar, digamos una zapatería o una churrería de barrio, pero un imperio o una monarquía, la verdad, están tirados. Se conoce que la Casa Blanca o el Palacio de Buckingham los puede manejar cualquiera, hasta ancianos en pleno declive biográfico. Más modestamente, lo advirtió un día Zapatero a su mujer, asombrado de haber llegado hasta La Moncloa: "No sabes, Sonsoles, la cantidad de cientos de miles de españoles que podrían gobernar". A estas alturas, incluso Feijóo, Abascal........

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