La agenda de los ultrarricos |
En la era del exceso y la aceptación social de la inmoralidad –desde algunos sectores, incluso con aires celebratorios– ha pasado por legítimo un hecho que debería provocar estupor: Elon Musk, tras la salida a bolsa de su empresa SpaceX, dedicada a la actividad aeroespacial en conjunción con la Inteligencia Artificial, se ha convertido en el primer billonario del mundo. "Billonario" siguiendo la acepción del neologismo en castellano; pues billionaire, en el diccionario anglosajón (mil-millonario), ya lo era. Se calcula que el magnate posee la misma riqueza que el 46% más pobre de la población: unos 3.800 millones de personas. La cantidad, nunca antes acumulada en las manos de un solo individuo en la historia de la humanidad, nos habla de un mundo con los niveles más altos de desigualdad –como ya analizara el economista Thomas Piketty–; de la falta de políticas fiscales redistributivas y la permisividad generalizada ante este hecho; de una injusticia estructural embadurnada con la falsa pátina de la meritocracia. Además de todo ello, esa cifra de sonoridad estrambótica, que obliga a construir otro lenguaje, apunta, sobre todo, a una nueva........