El quijotismo de Pedro Sánchez

La otra tarde, bajo un sol primaveral de esos que aporta calidez pero aún no quema, salí a caminar por la orilla del Guadalquivir, como hago a menudo: las visiones de un río caudaloso por el tramo de Córdoba, donde pueden contemplarse un gran número de aves en zona protegida, junto a joyas arquitectónicas como la Mezquita o el Puente Romano me dejan siempre extasiada, como si me reconciliase a la vez con la naturaleza y un género humano capaces de semejante belleza. El deporte, con su particular carga de endorfinas, contribuye a esa sensación de plenitud, gratuita y tan al alcance de la mano que me parece un auténtico milagro; hasta que, llegando a las cercanías de un parque infantil, mientras escuchaba a los niños gritar movidos por el balanceo de los columpios, me vino a la mente la imagen opuesta: en blanco y negro, esa infancia borrada de repente por la guerra, solitario el enclave y untado de escombros. Pensé: ¿cuánto va a durar esta estabilidad política que tanto nos regala? Continué andando, ya rumbo a casa, notando un nudo en las vísceras que me remitía a las últimas noticias: los bombardeos de Irán impulsados por Israel y Estados Unidos; las respuestas inmediatas del país persa en puntos estratégicos de la región, incluido Chipre, miembro de la........

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