Tú con Viktor Orbán y yo también

Nada como la comedia para retratar el momento que vivimos, pese a las trágicas consecuencias que vemos en cada momento y la incertidumbre que nos genera un futuro global en manos de tres matones: Trump, Putin y el genocida Netanyahu. La derrota de Viktor Orbán en Hungría supone un pequeño alivio en una Unión Europea cuyos méritos se limitan, hoy, a callar y otorgar ante la masacre cometida en Oriente Próximo, precisamente, por los colegas de Orbán. Si desde el minuto uno del genocidio en Palestina -mejor dicho y desde hace décadas, del apartheid al que han sometido a la población del Estado no reconocido-, Europa hubiera actuado con la contundencia que se le presupone a sus valores ilustrados, humanistas y blablablá -a todas luces ingenuamente- en defensa del derecho internacional o, como diría Alberto Núñez Feijóo, de los derechos humanos, quizás no estaríamos asistiendo al exterminio de una civilización a manos del Estado terrorista de Israel y la complicidad celebrada de EEUU con un psicópata al volante.

La derrota de Orbán, en todo caso, ha retratado a la (ultra)derecha europea, pero sobre todo y por lo infantiloide de los argumentos, a la española, llámese Vox o un PP mimetizado como nunca con los de Santiago Abascal para regalarles votos y gobernar en todo caso, aunque sea vendiendo su alma al diablo fascista de sus antepasados ilustres, nunca olvidados para las que tenemos memoria y educación de la buena, buscada a pulso: la histórica, la democrática.

Hay un sketch de Vaya semanita, el programa en la televisión pública vasca (EITB), que supera la genialidad cómico-dramática de los tiempos. Lo hace al modo de muchas escenas de Polònia en la TV3, pero con la idiosincrasia de Euskadi, ésa que hace comprensible el afán independentista de muchos vascos/as e, incluso, de muchos españoles en general y a la inversa: los y las que piden que la Madrid capital de Ayuso se vaya de España, "por favor". 

El gag de EITB nos cuenta las desdichas del "facha" ante las contradicciones del presente. Ya no vale el principio atribuido a Groucho Marx, "Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros", porque los unos se contradicen en el presente con los que siguen, incluso, para el pensamiento más básico. Es decir, o unos u otros o me explota la cabeza. Y es Vox, sí, quien apuesta por la coherencia de sus argumentos: Orbán era el mesías enviado a Europa para evitar la "islamización" de sus estados, o sea, lo que se dice un hitler de toda la vida cambiando judíos por musulmanes, según la conspiración ultraderechista. Los de Abascal lloran por Hungría y la UE, pues, mientras los de Feijóo tratan de posicionarse bamboleantes en una tira cómica propia de Vaya Semanita o de Polònia, no hace falta rascar demasiado: mientras Cayetana Álvarez de Toledo (PP) se felicita por la caída de Orbán en Hungría y señala a Pedro Sánchez como el Orbán de España, el PP de Extremadura y Aragón -el mismo de Feijóo y Álvarez de Toledo- pacta los próximos gobiernos autonómicos con los que lloran la caída del auténtico y verdadero expresidente húngaro -confiamos algunas en que la suya propia-. "Mexan por nós e temos que dicir que chove", ya saben, la contundencia de Castelao.


© Público