Entre utopías y mentiras |
Umallikuypi llullakuypi ima. Vivimos entre utopías y mentiras, mientras el pueblo sueña, los políticos y dirigentes andan como sonámbulos detrás del poder.
La hipocresía del poder y la mentira, muchos creyeron que políticos y dirigentes eran distintos, pero son iguales. Ambos buscan saciar sus ansias de poder y riqueza, se muestran al pueblo como opuestos, pero en las sombras operan juntos. Mientras tanto, el pueblo espera con estoica paciencia que llegue la justicia y las oportunidades para todos.
Runakuna umallikuy ukhupi kawsanku, llamk´anku sunqunanayta sumaq kawsaypi musquspa. (Las personas viven en medio de utopías, trabajan una pena soñando con el Vivir Bien).
En cada elección, el pueblo proyecta utopías, porque no pierde la esperanza de un verdadero cambio, donde el gobierno administre y haga gestión para todos. Esa ilusión es un espejismo que se disipa ante la luz de la realidad: promesas incumplidas, obras abandonadas, recursos malgastados. Sin embargo, la esperanza renace, porque en el fondo late la certeza de que otro país es posible. ¿O será que la esperanza es lo único que nos queda?
Muchos estudiantes se esfuerzan por alcanzar una profesión y tener un cargo, un empleo digno; pero los cargos y empleos son para los militantes, hijos y familiares de políticos y dirigentes. Solo así se explica tanto desempleado.
LLullakuy qullqiyuq chayqa, chiqanman tukun. (la mentira con plata, se convierte en verdad).
En las últimas décadas, la meritocracia en Bolivia fue sistemáticamente pisoteada por la improvisación, el nepotismo y el favoritismo político y sindical. Cargos públicos dejaron de ser espacios para servir con vocación y capacidad, y se convirtieron en botín de poder: premios para leales, familiares o amigos, sin importar su preparación. La gestión pública se transformó en un mecanismo para discriminar a quienes no comulgan con el gobierno de turno y, al mismo tiempo, para enriquecerse a costa de los recursos del Estado.
Las mentiras provocan el desgaste de la confianza, tapa la corrupción, culpa a los otros, crea enemigos internos y fomenta la división.
Por eso, cada promesa vacía no solo engaña hoy, sino que hipoteca la utopía de mañana.
Jamut'arina - Reflexionemos
TORIBIO ROCABADO CASTRO
Licenciado en Educación y Comunicación – Magíster en Educación Superior