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Pocos jueces y abogados no son autores de la degeneración de la justicia en Bolivia

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03.03.2026

Muchos profesionales abogados deben, por conciencia, asumir la culpabilidad de la situación caótica de la justicia boliviana que hace gemir a la población, ilusa de recibir justicia en su absoluta acepción.

¿Cómo se previene que la justicia no se corrompa? Con la Deontología, que infiere con certeza  y claridad  de imperativo categórico, los deberes  inexcusables de los abogados: Primero, los deberes consigo mismo, pues son algunos abogados los iniciadores de los extorsionadores consorcios que manipulan a la justicia y a jueces con avidez de poder económico. 

Segundo, los deberes con la sociedad que sufre  y teme cuando debe contratar a un abogado para una determinada causa, los deberes con la profesión, que le exige que aplique la sindéresis y la mayéutica antes de aceptar el caso de un cliente, los deberes con los jueces para que el lenguaje entre ellos sea exclusivamente de aplicación correcta e interpretativa de los códigos vigentes y, tercero, los deberes con la entidad que los agrupa, para transmitir en seminarios, acciones profesionales que solo apuntaran al bien del prójimo que acude por ayuda profesional, confiando en el sano conocimiento.

¿Dónde nace el germen maligno de la corrupción? es deber inderogable en todas las facultades de Derecho, preocuparse constantemente y sin pausa, además de la responsabilidad, impartir, a los que estudian y ejercerán la profesión, cuáles son sus deberes que deben mantenerlos hasta la muerte, pues la moral es univoca. 

Se cita  como germen maligno,  debido a que  en la mayoría de las universidades  no se imparte  una instrucción deontológica progresiva por su dificultad de aprehensión, por tanto, es progresivo el conocimiento en el ascenso de la dificultad en todos los cursos que componen un programa académico.

Cuando no se obra de esa manera, los encargados académicos que elaboran los programas analíticos (programa de estudios por materias) para los estudiantes, contribuyen  a la degradación  del saber y de la profesión que, juntamente con la Medicina, son las profesionales sociales por excelencia, al deterioro  de su imagen  y a la  pérdida de la fe en la justicia; metamorfoseando la noble actividad  de ayuda al prójimo en una auténticamente mercantilista, en la cual se impone  el dinero al conocimiento, entonces, decanta la injusticia  con las sentencias concertadas que trastornan  a los litigantes de por vida.

Se reitera que un país nunca encontrará una paz social que se sienta en el ambiente y una apacible armonía de interrelación humana, si su población percibe un latente y justificado temor a acudir a la justicia ordinaria; lo precitado es un temor espiritual, luego incólume surge la incertidumbre del dinero, que desestructura al ciudadano que nunca sabe cuánto le costará todo el proceso, pues se sujeta a las necesidades personales de jueces, fiscales y procuradores. 

Abogado, posgrados en Derecho Aeronáutico, Arbitraje y Conciliación; Filosofía y Política


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