Los therians y la fe cristiana
Estos días ha crecido en redes sociales el fenómeno de los “therians”: personas que sienten una profunda identificación interior y hasta exterior con un animal específico. Para algunos se trata de una expresión simbólica; para otros una dimensión psicológica o espiritual de su identidad. Algunos sectores cristianos han afirmado que se trataría de una señal “apocalíptica” o incluso “satánica”. Sin embargo, una lectura bíblica responsable y no fundamentalista invita a la prudencia y al discernimiento.
La Biblia fue escrita en contextos culturales muy distintos al nuestro. En libros como Apocalipsis o Daniel aparecen bestias (Therion) y figuras híbridas, pero estas imágenes son propias del lenguaje simbólico de la literatura apocalíptica. No describen personas que se identifiquen con animales, sino son figuras literarias para representar imperios, sistemas de poder o fuerzas que oprimen. Interpretar literalmente esas visiones para aplicarlas a fenómenos culturales contemporáneos es desconocer su género literario y su intención original.
Por otra parte, la Escritura afirma que el ser humano fue creado “a imagen de Dios” (Gn. 1:27). Esta declaración subraya la dignidad y responsabilidad humanas dentro de la creación. La Biblia no contempla la categoría cultural de “therian”, porque es un concepto surgido en el siglo XXI, vinculado a dinámicas de búsqueda de identidad en contextos de masivo uso de la comunicación digital.
Desde una pastoral equilibrada, el desafío es no condenar apresuradamente, sino comprender qué hay detrás: búsqueda de pertenencia, necesidad de expresión de inquietudes emocionales. El Nuevo Testamento muestra que Jesús se acercaba a las personas antes de juzgarlas, diferenciando entre tradiciones culturales y verdaderas injusticias.
Esto no significa aprobar todo sin discernimiento, sino evitar el sensacionalismo religioso. No existe base bíblica sólida para afirmar que los therians sean una señal del fin del mundo. Se trata de un fenómeno cultural contemporáneo que requiere análisis psicológico, sociológico y acompañamiento pastoral prudente. Una fe madura no necesita generar amenazas a personas reales con preguntas reales. El llamado del evangelio es claro: amar, escuchar y acompañar con verdad y gracia.
VIRGINIA QUEZADA VALDA
Socióloga, teóloga y biblista
