El doble credo
El Papa León XIV presentará en transmisión global su primera encíclica, Magnifica Humanitas, un documento concebido para intervenir en el debate mundial sobre inteligencia artificial y dignidad humana en un momento donde las grandes plataformas tecnológicas poseen niveles de infraestructura, capacidad computacional e influencia política comparables —e incluso superiores— a muchos Estados nacionales.
La imagen central de esa jornada tendrá una fuerza simbólica imposible de ignorar, porque junto al Pontífice estará Christopher Olah, cofundador de Anthropic y uno de los investigadores más influyentes en interpretabilidad de modelos de inteligencia artificial avanzada, una presencia que sintetiza la alianza entre la institución moral más antigua de Occidente y una de las compañías que encabezan el desarrollo de sistemas de IA de frontera. Esa escena condensa el fenómeno que podría llamarse el doble credo, aunque la lógica histórica que describe no opera desde dos posiciones sino desde tres discursos distintos que comparten un mismo silencio estructural.
El primero es el aceleracionismo de la tecnolarquía global. El segundo es el humanismo corporativo de Anthropic. El tercero es el relato moral del Vaticano. Los tres producen retóricas de urgencia, responsabilidad o dignidad. Y los tres omiten lo mismo: que el sistema que ninguno nombra —el tecno-feudalismo— avanza precisamente porque sus contradicciones permanecen invisibles bajo la cobertura de esos discursos. El discurso de la urgencia existencial Peter Thiel y Sam Altman encarnan las dos variantes más articuladas del aceleracionismo tecnológico contemporáneo. Thiel construyó su posición desde la filosofía del "optimismo definido" —la convicción desarrollada en De cero a uno de que el futuro pertenece a quienes lo diseñan con determinación, no a quienes lo esperan— y la tradujo en inversiones masivas en Palantir, en tecnologías de vigilancia estatal y en una red de influencia que atraviesa los centros de poder político y financiero de Washington y Silicon Valley. Altman, por su parte, ha sostenido públicamente en múltiples ocasiones que la carrera hacia la inteligencia artificial general no puede detenerse, que si OpenAI no la desarrolla lo hará alguien menos comprometido con la seguridad, y que el resultado de esa carrera determinará el destino de la civilización humana.
En su ensayo The Intelligence Age, publicado en septiembre de 2024, describió un futuro donde cada persona tendrá acceso a un asistente brillante capaz de resolver problemas que hoy parecen imposibles, un horizonte presentado no como promesa empresarial sino como imperativo histórico. Ese relato cumple una función política precisa. Al colocar la discusión en el plano de la urgencia existencial —ganar la carrera antes que los actores malintencionados, controlar la superinteligencia antes de que sea demasiado tarde— el aceleracionismo desplaza la atención desde las consecuencias presentes hacia la amenaza futura.
Las relaciones concretas de explotación laboral, el desequilibrio ambiental causado por el consumo energético de los centros de datos, el desempleo masivo generado por la automatización acelerada y la vulneración sistemática de........
