Etecsa y el lobo
De aquella fábula de Esopo aprendimos que nadie le cree a un mentiroso, incluso cuando dice la verdad. Tantas veces el pastor gritó “viene el lobo”, que la última vez, cuando el lobo llegó, la advertencia fue ignorada y las consecuencias fueron peores.
El martes 18 de agosto, alrededor de las tres de la tarde, los teléfonos de miles de cubanos vibraron con un mensaje que no pedimos y, para nuestra fortuna, tampoco necesitábamos. Una orden clara de mantener la calma y buscar refugio ante la alerta de un inminente terremoto.
Con los antecedentes de catástrofes en el Caribe en los últimos meses, con la fragilidad de quienes esperan peores noticias en cualquier momento, la mayoría de los cubanos salió a las calles en varias provincias del país. Las personas abandonaron sus casas, sus centros de trabajo; se evacuó a los enfermos.
Hubo quien sintió el pánico en el estómago y cargó con sus hijos escaleras abajo, tropezando con las paredes antes de procesar lo que sucedía. El miedo no espera a que se confirmen datos; el miedo entra sin pedir permiso y nos hace actuar.
Pasaron algunos minutos y no llegó la sacudida.
Las redes sociales estallaron en hipótesis: “Tembló la tierra en Guantánamo”, “Fallo en los servidores de Google”, “Negligencia de la compañía de teléfonos”, “Terremoto registrado en el Caribe y las sondas activaron la alarma”. Solo teníamos una verdad, la........
