Cuba ante EEUU: lecciones y antilecciones de la intervención en Venezuela

Examinar de manera ecuánime la situación geopolítica creada a partir de la intervención de EEUU en Venezuela y sus implicaciones para Cuba requiere empezar por dar un paso atrás.

De entrada, recordemos el dicho de que “no hay política exterior como la política interna”.

Fue la distorsión de lo que pasaba aquí el primer reto al que se tuvo que enfrentar el liderazgo cubano. El que generó las primeras embajadas de altos dirigentes a los Estados Unidos, América Latina, África, Asia, donde se empezó a tejer una política exterior de alcance mundial, y una red de alianzas plural y autónoma, con el Sur emergente, y con diversos actores del Norte. Fue la aplicación del programa de reformas, a partir de la agraria; y el rescate de la soberanía nacional, la justicia social y el desarrollo, los ingredientes fundamentales del consenso y la movilización para avanzar aquella política revolucionaria interna/exterior. Fueron esos ingredientes los que permitieron crear rápidamente un sistema de defensa y seguridad nacional, ante una contrarrevolución respaldada por EEUU, que produjo una guerra civil en todo el país y una invasión. Fue la perpetuación de ese conflicto por parte de EEUU y la continuidad de su guerra no declarada lo que impidió que la derrota interna de esa contrarrevolución en 1961-1963 pudiera conducir más adelante a una reconciliación. Y fueron sus intereses geopolíticos los que prevalecieron, por encima de Cuba, los cubanos y sus intereses nacionales, para seguir alimentando a esa contrarrevolución exiliada y refuncionalizándola en su juego político doméstico.

Naturalmente, del lado de acá, ese estado de guerra provocó que el factor EEUU permaneciera en el cuadro político doméstico. De manera que el grado de tensión de nuestras relaciones bilaterales ha operado como vaso comunicante con la situación interna. Casi siempre para mal, como es natural.

Antes de discutir en qué medida nuestra política interna/externa puede responder a los desafíos actuales de la crisis venezolana y el intervencionismo de EEUU, quiero volver sobre algunos puntos que contradicen “las narrativas” relacionadas con el lugar de Cuba y los cubanos en este complejo contexto geopolítico.

No es la primera vez que asesores militares y de seguridad cubanos colaboran con gobiernos establecidos en América Latina y el Caribe. Lo hicieron con Salvador Allende en Chile (1970-73), con el Frente Sandinista en Nicaragua (1979-1990), con Maurice Bishop en Granada (1979-83). Por supuesto, su peso específico fue muy inferior a la colaboración civil, con esos y otros gobiernos, como también ha sido el caso en Venezuela.

Su rol en la seguridad o asesoría en aquellos países y gobiernos no involucró tropas destinadas a participar en operaciones militares. Ese rol en los terrenos de la salud, la educación, el deporte sí lo tuvieron con miles de médicos y personal de salud, maestros, instructores deportivos y de arte.

Por otra parte, tanto en el caso de los trabajadores civiles en Granada como en el del reducido grupo de militares que cumplían tareas de seguridad personal en Venezuela, se vieron envueltos en una intervención de EEUU que desbordaba con mucho su misión, número y los medios de que disponían. La lección de los 24 caídos en Granada, así como los 32 en Venezuela, es que pudieron haber desistido de enfrentar a una fuerza tantas veces superior; y que su resistencia no fue solo su compromiso, o su fidelidad a la causa, ni tiene nada que ver con fanatismo ideológico o vocación suicida; sino parte de una cultura política patriótica, activa en cualquier lugar donde estuvieran atrincherados. También allá estaban defendiendo la patria.

Por si a alguien le parece una consigna, subrayo que este es un dato de inteligencia militar relevante para un escenario de agresión contra Cuba. Fue la antilección que aprendieron los oficiales de la CIA que planearon Playa Girón, así como el gobierno de JFK, a quienes los exiliados cubanos recién llegados les aseguraba que los milicianos y el Ejército cubanos no iban a pelear.

Claro que no estamos en los años de la Crisis de octubre, o de las misiones internacionalistas en Angola, o de la alianza económica y el suministro militar con la URSS, sino en el mundo posGuerra fría, donde nos quedamos “a solas con el imperialismo”, Kiva Maidanik dixit.

Cuando ese cambio geopolítico ocurrió, no hubo diálogo con Cuba, sino que EEUU aprobó la Ley Torricelli, dirigida a “apretar el embargo de EEUU contra Cuba y promover el cambio democrático en las isla”. Así que los carros en Little Havana se llenaron de calcomanías que proclamaban “Next Christmas in Havana” y un best-seller titulado La hora final de Castro (“esta vez sí”) apareció como la guía de ese derrumbe. Aunque nadie lo tomaría en cuenta en aquel momento, entre sus lectores estaba un joven que estudiaba la licenciatura en Ciencia Política en la Universidad de la Florida, nombrado Marco Rubio. Desde entonces, han pasado casi 35 años.

Una de las lecciones derivadas de la Operación Absolute Resolve es que a pesar de su planificación milimétrica y uso de una fuerza desproporcionada (para el objetivo de secuestrar a un jefe de Estado), un puñado de militares cubanos fueron capaces de darles batalla durante dos horas. La historia oficial sobre la eficiencia impecable de la operación habría sido insostenible, si........

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