Mi maestro Águedo Alonso

Era pintor. Tenía una asombrosa colección de helechos. Otra de quinqués. Fue mi gran suerte su amistad y el hecho de que fuese vecino nuestro.

¿Por dónde empezar a hablar de una persona, sobre todo a quienes ya no la conocerán? ¿Cómo hacer un regalo infinito?, o ¿cómo, mejor dicho, devolverlo? No puedo empezar sino por su generosidad.

Una de las principales lecciones que puede recibir un joven artista es que una ley única rige a todas las artes. Por eso no es raro que un buen pintor o un buen músico sea también, por ejemplo, buen escritor. Yo aprendí esto, o comencé a aprenderlo (aún no termino), cuando Águedo Alonso me dijo cuatro palabras: “El Arte es Uno”.

En otro texto llamado “Justicia poética” comenté que la sensibilidad estética, o eso que llaman sentido de la composición, está hondamente ligado al sentido de la justicia y, en última instancia, a la bondad. Esa correspondencia era muy patente en Águedo.

Nació un cinco de febrero, en Pinar del Río. Cuando lo conocí, él ya era viejo y yo tenía treinta años.

Con solo ver unos ínfimos garabatos míos, declaró que yo estaba desperdiciando mi vida y que tenía que ponerme a pintar. Mi entorno familiar y mis amigos me acostumbraron a ese tipo de benévolas afirmaciones, peregrinas hijas de la intuición, que podían, o no,........

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