¿Convertir dirigentes en propietarios?
La historia no es un pasatiempo para gente ilustrada. Es el lugar donde la conciencia puede fraguar alternativas. Nada de lo que pasa hoy en Cuba es totalmente nuevo. Hay hechos pasados que pueden marcar luces y alertas.
Las 176 medidas económicas presentadas a mediados de junio dejan abierto un proceso de cambio profundo porque tocan la relación entre propiedad, gestión y poder político.
No estamos frente a un ajuste técnico-económico, sino ante el cenit de un largo proceso de cambio de esencias, tanto en concepciones, emergencia y transformación de actores, como en estructuras que sostengan (al menos que lo intenten) un nuevo orden de relaciones.
Vivimos la etapa de transición de un orden social y un modelo concomitante a otro. Estas son palabras mayores. Es un cambio de época.
Entramos entrando, en modo puro y duro, a la transición hacia un ordenamiento social regido por la lógica del capital, lo cual entraña una transformación radical de las estructuras de clases, y pulsan con fuerza por la transformación de las formas políticas.
En este escenario, es un falso dilema el binarismo Estado vs. mercado. La cuestión es quiénes controlan esas instancias. Más en concreto, si ese control potencia la socialización de las riquezas y del poder desde las que se generan, o si lo que termina predominando son las formas privadas de acumulación de ambas. Las actuales señales marcan el segundo derrotero.
Privatización de facto
Como una pequeña brújula para este tiempo, resulta sugerente mirar algunos datos de procesos similares en el otrora esteuropeo socialista y la antigua URSS, los que muestran, como tendencia, que la conversión de líderes en propietarios marcó el carácter de aquellas transformaciones. ¿El derrotero cubano será travestir dirigentes en propietarios privados?
Al igual que en Cuba, en aquellas experiencias se fue fraguando un sentido común afín a esta posibilidad, e incluso relaciones y dinámicas de funcionamiento que hablaban de una privatización de facto.
En 2018, por marcar una fecha en la “desviación” de base que sufrió el socialismo cubano, el diseño del sistema empresarial estatal cubano fue actualizado. En ese proceso se mantuvo la distorsión del principio de propiedad y gestión social sobre los medios de producción, basado en el control directo de los trabajadores/as sobre el proceso productivo.
En su lugar, el poder de decisión recae sobre el cuerpo de funcionarios que el Estado designa para administrar la propiedad social, en el entendido de que el Estado representa al propietario, al pueblo. Se ratificaban así dos sujetos distintos en la empresa estatal: el trabajador/a y el directivo/a. Esta relación debe ser evaluada en cualquier análisis sobre la autonomía empresarial.
¿Autonomía de la empresa o de los directivos?
La participación directa de los trabajadores/as es formal, y en ocasiones se hace incómoda cuando se esgrime el principio de propiedad social, percibida por los directivos/as como cesión de poder. Las actuales reformas no contemplan la revisión de esta distorsión.
Si entendemos como autonomía que las principales decisiones deben........
