Omar Mederos: “Mi relación con Cuba es umbilical” |
En la década de los ochenta y principio de los noventas del pasado siglo Omar Maderos fue una figura más que presente en el panorama cultural de La Habana. Luego, a partir de 1994, su nombre no figura más como diseñador y productor de sonados espectáculos de la capital, y comienzan a llegarnos ecos de sus “andanzas” por Venezuela y México.
A finales de 2025 coincidimos en una teatro de la Unam, en Ciudad México. Nos convocó la mutua admiración por Marianela Boán, quien, con su grupo de danza, presentó una personalísima versión de Antígona.
Intercambiar un apretón de manos y dos o tres palabras fue suficiente para pactar esta conversación a la distancia, a las puertas de un año que se anunciaba y está siendo más que dramáticamente incierto.
Vamos al chile, para usar una expresión mexicana que nos ponga en contexto.
En el currículo que me has facilitado para la confección del cuestionario se consigna un hecho singular. Fuiste fundador de la Organización de Pioneros de Cuba, e hiciste la primera comunión en la Iglesia del Buen viaje, de Remedios. ¿Cómo se explica esto? ¿No eran ambas condiciones, pionero y religioso, excluyentes entre sí?
Las circunstancias en aquellos años iniciales de la Revolución cubana fueron muy particulares. Las cosas no cambiaron de golpe. En San Juan de los Remedios, el pueblo donde nací y viví gran parte de mi infancia, había una larga tradición católica, por un lado, y creencias afrocubanas, por otro.
Tenía una vecina muy católica, y yo estaba perdidamente enamorado de una de sus hijas. Esos primeros amores infantiles te hacen perder la cabeza con la misma facilidad que lo hacemos de adultos, y por tal de estar cerca de esa niña, me inscribí en el catecismo.
El 4 de abril del 1961 se funda la Unión de pioneros Rebeldes, que después fue Unión de Pioneros de Cuba. Habían pasado 2 años y tres meses desde el triunfo revolucionario, pero ya antes de esa fecha funcionaban unos talleres para hacer títeres y otras manualidades en un edificio ubicado detrás de la parroquial mayor, dirigido por una muchacha que se llamaba Teresita, quien después coordinó toda la labor de los pioneros.
Cuando salíamos del catecismo, Teresita nos invitaba a sus talleres. Tengo un recuerdo particular del día de Reyes magos del año 61, porque hubo una fiesta con regalos en la iglesia y después otra en la que sería sede de los pioneros. Las cosas se radicalizaron poco a poco a partir de los sucesos de Playa Girón y la declaración del carácter socialista del país, pero todavía hubo un tiempo en que se podía ir de uno a otro espacio sin líos. En septiembre del 61, cuando la expulsión de los sacerdotes, ya todo se complicó y yo me quedé con los pioneros.
Con su madre, Martha Clara Pérez, en la graduación de preuniversitario. Teatro la Caridad, Santa Clara, 1973. Foto: Cortesía del entrevistado.
En la escuela al campo, curso1969-70. Concentrado regional Héroes de Yaguajay, Centeno, Las Villas. Foto: Cortesía del entrevistado.
Estuviste en círculos de interés de danza y teatro. ¿Por qué no encausaste tu vida profesional por esos rumbos?
Estuve en círculos de interés de Química y en grupos de danza y teatro en la enseñanza primaria y secundaria, pero me encantaba organizar las presentaciones artísticas de los matutinos que se hacían los viernes y en los fines de curso.
Recuerdo que en primer grado, con mi maestra Dominica, organizamos un saludo para México, y un niño cantó una ranchera que decía algo así como “llora un naranjo gotas de sangre, porque la lluvia lo deshojó…” Me he cansado de buscar ese tema y jamás lo he encontrado. ¡A lo mejor lo inventó el niño!
En cuarto grado hicimos un performance con una canción infantil que cantaba Rosita Fornés, y cuando estaba en 5to grado estuve en el primer grupo de teatro infantil que fundó Fidel Galván. Me gustaba más estar detrás de las presentaciones. Creo que ahí nació mi gusto por la producción artística. Siempre he tenido miedo escénico.
Al término de la enseñanza primaria viajas a los países socialistas. ¿Cómo, por qué fuiste seleccionado para ese viaje de estímulo? ¿Qué países visitaste?
Había un programa de estímulo moral que contemplaba hacer un Cuadro de Honor en las aulas, y cada cierto tiempo ponían allí los nombres, y a veces fotos, de los niños que se destacaban por su notas y otras actividades deportivas y culturales. Al finalizar los cursos, los pioneros organizaban campamentos de verano en centros turísticos, como premio a esos niños. Al finalizar 6to grado se creó algo que se llamó La Caravana ejemplar de la niñez y la juventud, que era un tren que iba por cada provincia del país, con niños y jóvenes “vanguardias” hasta Santiago de Cuba, donde se celebraría el acto central por el 26 de julio. En agosto, los seleccionados para esa caravana, fuimos a campamentos internacionales en Alemania, Checoslovaquia, Hungría y la URSS.
¿Cuándo comenzaste a escribir? ¿Escribes en la actualidad? Si ya no lo haces, cuenta cuándo y por qué dejaste de hacerlo.
Comencé a escribir desde la secundaria. En 9no grado dirigí un periódico literario estudiantil que se llamó La Antorcha, donde publiqué algunas cosas; y en 10mo grado escribí un cuento de ciencia ficción titulado R-80M, por el que se me seleccionó para un taller literario.
En el 2005 fui editor y redacté los textos de un libro de fotografías del Premio Casa de las Américas Rolando Córdoba, que se publicó en Quintana Roo, México. Siempre escribo, pero publicar es otra cosa.
Tus estudios, hasta el preuniversitario, los cursaste en Remedios, Yaguajay, Manicaragua y Santa Clara. Viajas a La Habana para estudiar Historia en el Instituto Pedagógico Enrique José Varona. ¿Ya conocías La Habana?
Conocí La Habana desde muy pequeño. Viví algunas temporadas en Cojímar, antes de 1959. Me encantaba el tráfico, los semáforos, los edificios altos. Por una u otra razón visitaba con frecuencia la ciudad y jamás la sentí extraña.
Luego, durante tus años de estudios universitarios, que relación tuviste con la Ciudad?
En los primeros años de la década del 70, La Habana conservaba aún todos los cines en activo y la gran mayoría de los clubes, teatros y cabarés que siempre tuvo. Era parte de un grupo de estudiantes de diferentes carreras que nos encantaba recorrer la ciudad y conocer sus vericuetos. De martes a domingo nos programábamos cada noche una salida a un club, teatro, cabaret…El Colmao, El Ali-bar, el Pico Blanco, Las Vegas, El Capri, Tropicana, que era como nuestra casa, El Parisién, La Zorra y el Cuervo…qué se yo. Teatro Mella, Nacional, Amadeo Roldán –hasta que se quemó–, el García Lorca…
Era la época en que los antiguos clubes de Playa se transformaron en Círculos Sociales de los Sindicatos, y allá nos íbamos a bailar con Tejedor y Luis, Pacho Alonso, Aragón, Tito Gómez, Los Van Van y otras tantas agrupaciones.
Nos pagaban 85 pesos de estipendio a cada uno, y eso era bastante para la época. Apenas iban turistas a Cuba, y cada sitio era para nuestro total disfrute.
Fuiste cuadro político, a diferentes niveles, a partir de tu graduación en el Instituto Superior Pedagógico “Enrique José Varona ¿En qué consistió tu trabajo en la Flota Atunera de Cuba? ¿Cómo recuerdas aquellos años?
Al finalizar el preuniversitario fui........