Ojo al visor: Las fotos cubanas de Marina Morris |
En Cuba nació la fotógrafa mexicana Marina Morris Uruchurtu. No la adolescente que vino a estas costas cargada de anhelos innombrados, no la muchacha que volvió a su lar con un bagaje de emociones que luego el tiempo clasificaría y pondría justo en el lugar correspondiente, entre la emoción y la memoria. De estas fotos imprecisas parte un destino artístico; tanto, que mujer y fotógrafa han logrado, con el tiempo, fundirse en una pieza sólida.
Si no hubiera sido en Cuba, tal vez su despertar al mundo de la imagen hubiera ocurrido en otro sitio. ¿Quién puede saberlo? Pero sucedió aquí, en medio de dificultades que creyó puntuales, transitorias, pero que hoy permanecen agravadas.
Paso a Marina, importante artista del lente hoy en su país, la palabra.
Un recuerdo borroso de mí
A veces el origen de una mirada no es un momento iluminado, sino una zona borrosa. En mi caso, la fotografía empezó así: como una forma de respirar.
Tenía dieciocho años cuando viajé con unos amigos por primera vez a Cuba. No llevaba grandes expectativas ni un plan preciso. Era solo la misión de un grupo organizado en una iglesia de México para apoyar, en lo básico, a gente de allá, y acumular buenas experiencias.
Yo no sabía qué llevar, aunque estaba cierta, eso sí, de cargar con una pequeña cámara Kodak Cross de negativo 110 que me había regalado mi abuela, el refugio más constante de mi infancia. Esa cámara, casi un juguete, me acompañó como un pequeño talismán: un objeto sencillo que, sin yo saberlo, estaba abriendo la puerta a la vida que vendría después.
Mi adolescencia había transcurrido entre silencios tensos y desacomodos familiares; por eso, aquel viaje representó más que un........