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Dannys Montes de Oca: “Hay que saber seleccionar el buen arte”

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15.05.2026

Dannys (Matanzas, 1967) se licenció en Historia del Arte, por la Universidad de La Habana, en 1990. Desde 2023 cursa el Doctorado en Ciencias del Arte en la Universidad de Las Artes (Antiguo Instituto Superior de Arte), también en la capital cubana.

Su hoja de vida, sumamente nutrida, recopila numerosos premios como crítica y curadora. Grosso modo consignamos aquí algunas de las instituciones donde ha desarrollado su carrera profesional: Taller de Serigrafía Artística “René Portocarrero”, Fondo Cubano de Bienes Culturales, La Habana. Curadora (1995-96); Curadora a cargo de los programa de eventos y exposiciones, Fundación Ludwig de Cuba, La Habana (1997-2000); Miembro del equipo curatorial del Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam y de la Bienal de La Habana y organizadora de los Eventos Teóricos de esta institución, La Habana (2003-2016); miembro del Proyecto Internacional de Investigación Cosmopolitanismo y Descolonización en la Cuba de los 60s, Canadian Council for the Arts, Kingston, Canadá (2010-2015); miembro del Consejo Asesor de la revista Art Public, York University, Toronto, Ontario, Canadá (2012-2020; Miembro de la Sección Cuba de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA) y Secretaria Ejecutiva de la misma hasta el año 2021 (2014-2026); co curadora de la 1ra, 2da Bienal Internacional de Asunción, Paraguay, junto con Royce Smith —EEUU— y Osvaldo González Real —Paraguay— (2015-2020); directora del Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, La Habana (2016-2018); curadora del Proyecto y Residencia Artística UnPack Studio/La Casa de la Salamandra, La Habana (2017-2026), y curadora de la Galería Habana, Génesis Galerías de Arte, La Habana (2022-2026).

Hechas las presentaciones, pasamos al diálogo.

De niña visitabas los museos. ¿Sentías particular predilección por algún artista cubano?

Visitaba museos en mi ciudad natal, Matanzas, de la mano de mis padres o mis abuelos paternos, pero eran museos históricos donde podías encontrar desde pinturas académicas y modernas pasando por muebles, objetos curiosos y documentos. También visité museos en La Habana, pues mi familia materna es de acá y veníamos de paseo o de vacaciones frecuentemente. 

De Bellas Artes me impactaron las colecciones históricas de Egipto y Grecia; y de los artistas cubanos, Amelia [Peláez], Carlos Enríquez y Antonia Eiriz, como lo más “transgresor” y “simple” que a mi edad podía asimilar. 

Sin embargo, en mi adolescencia matancera, cuando comencé a visitar galerías y exposiciones por mi cuenta, no tenía predilección por algún artista, ni siquiera conocía la genealogía del arte cubano, lo hacía por un placer espiritual, incluso más que [por una necesidad] de conocimiento. Mis vínculos más fuertes con el arte venían a través del canto, el teatro y la literatura y no precisamente con las artes plásticas. 

¿Por qué te inclinaste por estudiar Historia del Arte? ¿Alguien influyó en ti para que tomaras esa decisión?

Hubo antecedentes familiares de todo tipo que influyeron en mi vocación por el estudio de las artes. Por la línea paterna, dos primas se dedicaban profesionalmente a la música y el canto lírico; mi abuela era bordadora y artista popular que desplegaba su talento entre familiares y vecinos, y tenía un tío-abuelo constructor, hombre enciclopédico que acudía cada tarde noche a la biblioteca provincial y al regreso a la casa generaba unas tertulias familiares de las que yo participaba invariablemente. De él heredé una importante colección de libros. 

Por la línea materna, mi abuelo escribía cuentos, una de sus hermanas era poeta, periodista y editora, y había estado entre las organizadoras del 1er Congreso Latinoamericano de Mujeres, celebrado en La Habana en 1923. Su estudio-oficina era para mí una total revelación; y mi madre, quien se dedicó profesionalmente a la enfermería, pintaba y hacía teatro de manera aficionada. Todo eso formó parte de mi vida cotidiana como algo orgánico y natural, por tanto, debe haber influido.  

Durante la carrera universitaria, ¿cuáles fueron aquellos profesores que dejaron en ti mayores huellas?

Puedo mencionarte a algunos de los que fueron maestros directamente, como las Dras. Rosario Novoa, María Elena Jubrías, Adelaida de Juan, Guadalupe Ordaz, Luz Merino Acosta, Yolanda Wood, Lázara Menéndez, Lupe Álvarez y Madeline Izquierdo…, pero también otros con los que pude interactuar y recibir importantes lecciones, entre ellos Graziella Pogolotti, Helmo Hernández, Llilian Llanes, Desiderio Navarro, Gerardo Mosquera, Mary Pereira, Osvaldo Sánchez, y el artista y crítico Antonio Eligio Fernández (Tonel).

¿Visto a la luz del tiempo, era un buen programa el de la carrera por aquellos años?

Como estudiantes universitarios, siempre encontrábamos espacio para la inconformidad o la crítica, pero visto hoy en la distancia me parece un buen programa. Éramos parte de un plan de estudios cualitativamente superior al que nos había precedido, y estábamos inmersos en el movimiento cultural de la década del 80 en Cuba, el que coincidió con mis años de estudiante (1984-1990). 

Aun cuando predominaban las asignaturas de corte histórico, la incorporación de disciplinas y herramientas teóricas, creó un equilibrio que permitía formas más contemporáneas de entender y analizar el arte; equilibrio este que vi desvanecerse ya en mi etapa profesional a favor de un programa mucho más teórico, o al pasar recientemente la carrera a 4 años, en virtud de su homologación internacional y la aparición de programas de maestría y doctorado que en nuestra época no existían. 

Asignaturas básicas y generales como Técnicas Artísticas, Didáctica, Fundamentos de la Forma, Metodología de la Investigación, Museología, Historia del Arte I, II y III, Historia de la Estética, y Problemas Estéticos Contemporáneos, se acompañaban de “apreciaciones” e “historias” de la Música, el Cine, la Arquitectura y el Urbanismo Modernos, o de acercamientos particularizados a países, regiones y culturas con Arte Oriental, Arte Africano, Arte Precolombino, Arte Español, Arte Latinoamericano, Arte Cubano, Arte Caribeño,  Estudios Afrocubanos y Arte Popular. Este compendio cerraba con clases optativas de Sociología de la Cultura, Semiótica, Mercadotecnia…, entre otras, cuyos enfoques eran parte también de la manera en que algunos profesores impartían sus asignaturas. Un modelo escalonado y potencialmente interrelacionado, que en mi opinión dependió mucho más de nuestra toma de decisiones y riesgos, que de la escuela, para su futura aplicación, pero allí estaba.    

Una demanda esencial durante todos esos años fue la de ser parte de la Facultad de Artes Plásticas del ISA, so pretexto de sentirnos más cerca de los artistas en formación y de acompañar sus procesos creativos, tal y como suele ocurrir con teóricos, historiadores y críticos de especialidades como la Música, el Teatro y, más recientemente, la Danza. Fue un reclamo que quedó en el aire, sin un acuerdo positivo, dados nuestros orígenes en la propia historia del Departamento de Historia del Arte, nuestra pertenencia al Ministerio de Educación Superior y no a la Enseñanza Artística del Ministerio de Cultura, y a pesar de que han aparecido nuevas carreras que cubren de manera autónoma parte de nuestros perfiles profesionales. 

¿Cómo te inicias en la vida laboral? ¿Qué tal el cambio de estudiante a trabajadora? ¿Cuáles eran tus expectativas de aquel tiempo? ¿Cuáles se han cumplido y cuáles no?

Culminé sin muchas expectativas, pues me gradué con el colapso del Campo Socialista, el inicio del llamado Período Especial, y la desarticulación institucional del........

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