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Collage trigésimo segundo sobre Rómulo Betancourt

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29.09.2020

(Llegó la Dictadura: la Resistencia, el Exilio –VIII-)

Las caídas sucesivas de los Secretarios Generales del CEN y de otros dirigentes de Acción Democrática impusieron la necesidad de un repliegue táctico en las actividades clandestinas. Los éxitos represivos de la dictadura perezjimenista no podían atribuirse exclusivamente a la eficacia de sus organismos de seguridad, especialmente del que dirigía Pedro Estrada.

Procedía sospechar que existían delatores infiltrados en las filas del movimiento de la resistencia. A eso se refiere el mensaje, de fecha 13 de junio de 1953, que Rómulo Betancourt, desde San José de Costa Rica, a través del Comité Coordinador de las actividades de Acción Democrática en el Exterior (CC), le dirige a la Dirección interna de Acción Democrática en la clandestinidad. En el texto de ese mensaje se lee: “Vil asesinato inolvidable compañero Antonio Pinto Salinas nos ha conmovido profundamente. Este doloroso suceso y prisión compañeros Rigoberto y Consalvi acentúa grave transitoria crisis atraviesa partido. Dirigentes exterior como siempre daremos respaldo y pondremos confianza nuevo equipo asuma dirección nacional. Reunión aquí ampliada presencia compañero Valmore Rodríguez estudiamos situación. Como medidas inmediatas partido debe replegarse inmediatamente dedicarse resuelta investigación causas impresionantes descalabros últimos que ponen en evidencia infiltración agente dictadura en posición importante y cercana comando nacional partido…Revisión cuidadosa engranajes y velandeo que permitan en lapso perentorio ingreso con mínimun seguridades equipo preparado y dispuesto compartir con ustedes responsabilidades dirección resistencia. Mantener rigurosamente secretas estrecho círculo comando nacional medidas se adopten investi y colaboradores probada lealtad investigaciones se adelanten y demás medidas tácticas se adopten actual emergencia debiéndose revisar cuidadosamente todo el equipo de contactos y estafetas” (1).

Lo que se temía de una infiltración delatora interna tuvo confirmación. Rigoberto Henríquez Vera señala que alrededor de la una de la madrugada del día 9 de junio, la Seguridad Nacional allanó la casa de Manolo Giménez Castro, en la urbanización de Los Palos Grandes, donde estaba “enconchado” junto con Simón Alberto Consalvi, y los acompañaba en esa ocasión Gustavo Mascareño, que era “contacto” de confianza de Henríquez Vera.

A Mascareño se lo llevan primero, y luego Henríquez Vera y Consalvi son conducidos a las oficinas de la Seguridad Nacional de El Paraíso, encontrando a Mascareño en las puertas del edificio. He aquí lo que relata Henríquez Vera: “Ya dentro, a Consalvi, a Giménez Castro y a mí nos introdujeron en una oficina mientras que a Mascareño lo llevaban a otra contigua donde empezaron a interrogarlo, con la amenaza de que tenía que revelar todo cuanto sabía. Mascareño reveló entonces la ruta tomada por Pinto Salinas, el número de la placa del vehículo, el nombre de sus dos acompañanes, la hora de salida de Caracas y de posible llegada a determinadas poblaciones de la vía. Todo aquel relato lo escuchábamos sorprendidos, confundidos y llenos de ira. Para mí todo aquello era una pesadilla, algo increible. Pero lo estábamos escuchando y viviendo. Los tres, inermes y esposados, vivíamos aquel drama de ver cómo un hombre al cual habíamos dispensado confianza plena, entregaba en manos de sus criminales enemigos la vida de un compañero de lucha” (2).

Cuando el día 12 de junio Henríquez Vera fue conducido a un calabozo de la Seguridad Nacional, los compañeros de prisión le “informaron que Gustavo Mascareño se había asilado en una Embajada, después de haber entregado a los restantes compañeros de la dirección nacional del partido y a otros valiosos activistas” (3).

Y más adelante, Henríquez Vera indica que “a Costa Rica se le hizo saber entonces los lamentables procederes de Mascareño y después supimos que en San José, un grupo de compañeros lo secuestraron un día, se lo llevaron a la Hacienda ‘La Lucha’ de don Pepe Figueres y pensaban lincharlo, pero el muy vivo se les escapó y retornó a Venezuela (4). Por su parte, Rómulo Betancourt, en carta de fecha 28 de junio de 1953, dirigida a Luis Manuel Peñalver, también ratificó la existencia de la infiltración: “Lo que se presumía, ya se sabe: hubo infiltración de un traidor. Está ubicado. En situación de no continuar haciendo daño, porque........

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