El té sopado que indispone |
Dicen que hasta los paranoicos tienen enemigos reales. Igual que, eso lo digo yo, hasta los hipocondriacos padecemos enfermedades diagnosticadas. Yo tengo varias en mi haber -no dudo de que mis padres me hicieron con cariño, pero también con alguna distracción- y, sobre todo, sufro de alergias que por lo general me conducen a Urgencias. El último ingreso (no la “entrada”, que según la RAE es solo el acto de pasar de fuera a dentro y no de “ser admitido”) fue hace poco. Como sé de memoria el procedimiento (qué meterán en las venas y los tiempos hasta el alta) me lo tomo con calma.
En esta reciente ocasión me encontraba analizando los matices del color del techo y contando los algodones debajo del cajón de las jeringas, cuando escuché el primer alarido en el cubículo contiguo, separado por una cortina verde agua. El médico de guardia, que ya había enchufado la cortisona y el antihistamínico de primera generación (evitando el shock anafiláctico ya sufrido otras veces) estaba ahora en algo más urgente.
El relato de mi vecina, una estudiante de la Academia Nacional de Policías (Anapol) me quebró. Con un llanto contenido, que le permitía explicar mejor lo sucedido al doctor, contaba que, durante un entrenamiento, en el que corría con velocidad, chocó con otro cadete que venía en sentido contrario. Hasta ahí, un riesgo........