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Compre hoy pague mañana

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El anuncio del gobierno de Rodrigo Paz Pereira que levanta las restricciones impuestas por el sistema financiero para las tarjetas de débito y crédito y las compras en dólares en el exterior y mediante medios digitales parecería dar una certeza acerca del estado de la economía boliviana, sin embargo, lo que esta generando es una señal inequívoca de que el Banco Central de Bolivia aún no goza de independencia y continua bajo el régimen autocrático del Ejecutivo.

Si uno esperaba que la estabilización cobre protagonismo luego de las elecciones subnacionales, todo parece indicar que se sigue optando por una posición negacionista y bastante corta con relación al alcance de las “políticas públicas” ensayadas a través de decretos supremos. La pregunta que surge esta vez es ¿De qué sirve transparentar la gestión de compras del Estado cuando la inestabilidad financiera pública no sufre alteración alguna?

Es una incoherencia tal como limpiar la entrada de una casa envuelta en llamas. Prioridades señores, prioridades.

Bolivia solo tiene 52 millones de dólares en divisas liquidas, si el anuncio emitido por personeros del gobierno se toma en serio, esos 2.700 millones de usuarios que quisiesen  pagar una suscripción mensual a Netflix le significarían al país un total 24.273 millones de dólares mensuales (estamos hablando de una suscripción de solo 8,99 dólares. Es decir solo cerca de 5.8 millones de usuarios bolivianos podrían pagar su suscripción  de un total de 2.700 millones de usuarios (0,21% del universo de beneficiarios)

En lugar de dar garantías solo genera dudas porque los 2.700 millones de beneficiarios no están preocupados por pagar el próximo mes su suscripción a alguna plataforma, cuando al mismo tiempo sus dólares aún se encuentran secuestrados por el Gobierno Nacional que adeuda al sistema financiero irónicamente la misma cantidad de dólares, 2.700 millones.

¿Devaluar es justo y necesario?

No se trata de una devaluación en sí pero es un intento de probar la recepción de la ciudadanía a un virtual siguiente nivel. Se acaba de crear otro tipo de cambio, el tipo de cambio compras por internet/en el exterior anclado a una tasa de referencia que es determinado por el Ministerio de Economía y Finanzas o el Banco Central de Bolivia que para estas alturas son lo mismo.

Una devaluación libera la oxidada ancla que desnuda los desbarajustes entre la emisión y las reservas internacionales las cuales respaldan la moneda nacional. No podemos hablar que el valor de la economía nacional es la base para explicar la masa monetaria en vista que la economía boliviana por su tamaño no genera certezas por si mismas es necesario algo más para garantizar su estabilidad. En buena medida el mercado de capitales atrofiado que tiene el país dominado por una banca comercial dispuesta en forma de cartel bajo el nombre de ASOBAN no ha permitido la diversificación y competencia necesarias para modernizar el sector financiero boliviano.

La devaluación no genera ipso facto competitividad, esta proviene realmente de la innovación y el uso intensivo de tecnología apoyado, eso sí, por recursos humanos calificados y orientados hacia el mercado y no a espaldas de este.

El costo beneficio de sacrificar el capital en moneda nacional en manos de los bolivianos por algunos meses que “competitividad” cuando la estructura exportadora tiene serias falencias a nivel de cadenas de producción traerá daños irreparables no solo a los exportadores sobre todo al sistema financiero que podría afrontar corralitos financieros similares a los vividos en Argentina a inicios de los años 2000.

Compre hoy pague mañana, una alegoría similar a la que Keynes utilizaba para cuestionar si quiera el pensar en el largo plazo. Bolivia en estos momentos no tiene certezas en el muy corto plazo pero cada vez el largo plazo queda casi configurado, uno verdaderamente oscuro por decisión absoluta de un Gobierno enfrascado en dar continuidad a la única política de estado heredada desde el 2006, la soberbia.

El autor es economista y miembro fundador de Fundación Lozanía


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