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El pueblo de Dios y Judas

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06.04.2026

Tradicionalmente, el mundo creyente orientado por las iglesias vio en ellas el poder y la influencia; por ello, siempre se dijo que debe ser una institución de aliados para los intereses, aspiraciones e influencias relevantes en todas las sociedades y en todos los tiempos, pues así lo muestra la historia de emperadores, de reyes, de presidentes, de ministros, de comandantes, de empresarios, de políticos, de rectores y hasta de simples ciudadanos. 

Seguramente, su influyente presencia le ha permitido atesorar demasiada riqueza intelectual, económica y a no dudarlo espiritual, pero también ha tenido cuestionadores, críticos, disidentes y a JUDAS; es decir, malos profetas e inescrupulosos abusadores y pederastas, a tal extremo que se ha escrito y comentado que un Papa fue envenenado por la propia Curia Romana o algún acto conspirativo por infiltrados en las altas esferas vaticanas, por que encontró muchas verdades escondidas con trasfondo económico y quiso develarlas para cambiar y tener una nueva y verdadera Iglesia al servicio del PUEBLO DE DIOS y siguiendo lo que nos enseñó Jesús cuando dijo: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, si no a mí. Juan 14:6-17 

EL PUEBLO DE DIOS en nuestro país es inmenso. Lo apreciamos en muchos de nuestros acontecimientos, en las misas semanales, en celebraciones, en actos litúrgicos, en procesiones y en la misa de PASCUA DE RESURRECCIÓN porque somo creyentes y nuestra fe será capaz de mover montañas y por ello, cuando escuchamos la palabra alimentamos nuestra convicción y nuestro compromiso con la fe y con la Iglesia que Jesús nos heredó cuando decía: Mateo 26:26-28, el texto bíblico relata la acción de dar gracias y la institución de la Eucaristía por parte de Jesús: «Mientras estaban comiendo, Jesús tomó pan, y habiendo dado gracias, lo partió, y dándolo a sus discípulos, dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.»

Por su parte, “el evangelio de Juan, en su capítulo 13, a diferencia de los otros evangelios, se enfoca más en el lavamiento de pies que Jesús realiza como un acto de humildad y servicio, no menciona la institución de la Eucaristía directamente, pero muestra de forma evidente el amor y la devoción de Jesús a sus discípulos.” Durante la Última Cena, Jesús establece la Nueva Alianza con su pueblo mediante su propio cuerpo y sangre, eventuales medios de nuestra salvación. Este momento resalta el amor abnegado de Jesús por la humanidad y su disposición a dar su vida por nosotros. La Última Cena no fue solo una comida, fue el momento en que Jesús enseñó a sus discípulos acerca del amor, el sacrificio y el servicio, creando así una esencia duradera para la fe cristiana que ha perdurado durante más de dos milenios. (Biblia-Viva.com)

Quienes estamos vinculados a la Iglesia de Jesús y no de la Iglesia de los hombres, como laicos y bautizados nos preguntamos sobre los acontecimientos desde el Concilio Vaticano Segundo, Aparecida, Sao Pablo de la Juventud y el Sínodo propuesto por el Papa Francisco, acontecimientos que marcaron hitos desde años atrás; sin embargo, se sabe tan poco de los cambios significativos que se han efectivizado que aún no se puede ser determinantes en lo que se conoce ni en lo que todavía sigue siendo un misterio,  porque la gran diferencia entre ambas iglesias es que la de Jesús es de pecadores que se arrepienten y escuchan la palabra del evangelio; mientras que la segunda de los hombres es de quienes predican la palabra pero en su mayoría no la cumplen, sobre todo los que están en la más alta jerarquía y es allí donde parecería que se esconden los JUDAS. 

Recordemos que “El propio Benedicto XVI echó luz sobre algunos temas en el verano de 2010, durante una entrevista con el periodista alemán Peter Seewald, publicada en forma de libro: «Uno puede renunciar en un momento de paz, o cuando uno simplemente no puede continuar. Si el Papa claramente da cuenta de que él ya no se encuentra física, psicológica, y espiritualmente capaz de manejar los deberes de su cargo, entonces tiene el derecho y, bajo ciertas circunstancias, incluso la obligación de renunciar.». ​ 

En 2018, cuando algunos sectores cuestionaban la labor de Francisco, Benedicto XVI salió en su defensa mediante una carta en la que resaltaba la “profunda formación teológica y filosófica” de su sucesor y su capacidad de continuar la reforma de la Iglesia con fidelidad al Evangelio. En otra carta, Benedicto XVI señaló que el papa Francisco demostró ser un pastor incansable, con una fuerza y determinación admirables para enfrentar los desafíos de la Iglesia en el mundo moderno”.

Mientras tanto EL PUEBLO DE DIOS en nuestro país ignora todo, no le interesa ni le importa porque es parte de la Iglesia de Jesús y por ello asiste el Domingo de Ramos a recordar la entrada a Jerusalén y llena las Iglesias para escuchar el mensaje y recibir la bendición de las palmas, preparándose para participar del Vía Crucis siguiendo el camino de sufrimiento que le toco al Salvador, para concluir con el regocijo de la Resurrección y copar todos los sitios, lugares, templos, iglesias, capillas y más lugares, mostrando que si somos afortunados, porque somos parte viviente, vigilante y comprometidos con nuestra Iglesia, con la Iglesia de Jesús. 

Somos parte de esa Iglesia, de la Iglesia de Jesús, de la Iglesia de los LAICOS, de la que se preocupa por los pobres, la que esta enseñando en escuelas y colegios para formar hombres y mujeres de bien, con responsabilidad, con valores, la que ayuda a los ancianos, la que brinda apoyo a los de capacidades diferentes, la que llega al campo, la que cree en fortalecer la fe, la que comparte con otros credos, con otros cristianos y por sobre todas las cosas, sigue las enseñanzas de Jesús y escucha su palabra. No le preocupa adueñarse de los bienes de la iglesia para su beneficio personal, no se apropia de lugares donde se puede recibir dinero para usarlo en su beneficio, no anula estatutos para crear otros y aprovecharse de las donaciones de una congregación para difundir la palabra de Dios y aglutinar a los laicos, a la gente, al pueblo de Dios, a la población y a la comunidad. La otra gran diferencia, nuestra Iglesia es para todos, la de los hombres es para sus debilidades. 

Esta PASCUA DE RESURECCIÓN que nos conduce a involucrarnos con la Iglesia Misionera que nos recomendó Francisco por ser una responsabilidad compartida de todos los cristianos, como una muestra del amor de Dios a través de la oración y la escucha de la Palabra de Dios, y anunciar el evangelio como la mayor caridad y para llegar a toda la humanidad. Esto, la oración y la palabra es lo que debemos desarrollar los laicos como una obligación y una responsabilidad, porque los laicos formamos parte de la misión evangelizadora.

Por eso para consolidar una Única Iglesia alrededor de Jesús, debemos actuar siguiendo los mensajes de Francisco y transformarla hacia una Iglesia que sale al encuentro de los que necesitan del evangelio hasta llegar a realizar un análisis de la dimensión social de esa evangelización y fortalecer el encuentro permanente con Cristo. 

El autor es administrador de empresas – director IICCA y Docente Emérito UMSA


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