La ley de la calle |
Otra vez bloqueados. Otra vez los ciudadanos somos rehenes de grupos de interés que adquirieron fuerza, poder económico —y sobre todo arrogancia— durante el periodo largo y oscuro del masismo.
He participado innumerables veces en demostraciones políticas —tanto cuando era estudiante en París y nos manifestábamos en favor de Palestina, en contra de la guerra de Vietnam o por el aborto legal y gratuito— como en el propio país, cuando marchábamos en contra de dictaduras militares o de gobiernos autoritarios como el de Evo Morales, que quiso atornillarse al poder indefinidamente en contra de la voluntad de la mayoría de los bolivianos. Marché varios años hasta San Francisco para conmemorar el #21F que tanto irrita al masismo, y estuve en las pititas de mi barrio cuando se produjo el fraude electoral de 2019.
Todas esas manifestaciones de rechazo y de resistencia eran acciones ciudadanas y no gremiales. Juntaban a la población en lugar de dividirla. Las acciones gremiales suelen tener por una parte un sesgo de egoísmo exclusivo, y de manipulación política por otra. No reivindican anhelos de las grandes mayorías sino intereses particulares, a veces torcidas reivindicaciones de dirigentes corruptos, que van en contra de la población.
Los transportistas que hacen más difícil la vida de los ciudadanos, no nos representan. Usan argumentos que no justifican los bloqueos, que solamente consiguen que el gremio en cuestión se haga odiar cada vez más. Hay una gran falsedad en los discursos gremiales, que mientras afirman que sus vehículos no pueden circular por la mala calidad de la gasolina, sin embargo, transitan sin problema hasta los puntos de bloqueo que se les ha asignado desde la dirigencia. Una parte de los que bloquean tienen vehículos que funcionan con gas, por lo tanto, no han sido afectados.
Durante los dos........