Ciudad cloaca
La cacareada “ciudad maravilla” es una cloaca abierta. El principal cauce de agua que atraviesa La Paz, el Choqueyapu, arrastra todo tipo de porquería: desechos sólidos y químicos que se emulsionan en la espuma maloliente que vemos en la superficie.
Qué triste espectáculo para quienes recordamos que hace 60 años todavía había algunas personas que lavaban oro en la calle 2 de Obrajes, acuclillados en el margen del rio que no había sido todavía canalizado.
El cauce del Choqueyapu es el más visible, aunque lo han embovedado ya hasta el inicio Obrajes, pero hay otros seis o siete ríos importantes (Cotahuma, Apumalla, Achumani, Irpavi, Huayñajahuira, Orkojahuira, Achocalla) además de los más de 300 cauces subterráneos que alimentan las cuencas antes mencionadas.
La cruel paradoja es que esas aguas descienden de los nevados cercanos a la ciudad de La Paz, cura pureza está fuera de toda duda, pero en apenas 20 kilómetros se convierten en la cochinada hedionda que tratamos de tapar con muros para que no se vea y no desborde. La cloaca recoge deshechos desde los pies de los nevados, donde opera la minería salvaje, y a su paso por la ciudad industrias y viviendas vierten sus aguas contaminadas a los ríos que luego se juntan en Aranjuez y Mallasa en el rio La Paz, afluente del rio Boopi que es a su vez afluente del rio Beni, que a su vez vierte su porquería en la cuenca del Amazonas.
Las aguas contaminadas irrigan la zona de rio Abajo, productora de legumbres. En Mecapaca, Palomar o Huaricana se cultiva lechuga, choclo, repollo, acelga, apio, perejil, manzanilla, cebolla, haba, zanahoria, y mucho más. También se produce leche y queso. Todo esto se lleva a vender al mercado Rodríguez, y de ahí se distribuye a otros mercados.
Desde hace muchos años se ha denunciado la presencia en esos productos de estafilococos y otras bacterias peligrosas. La investigadora ambiental Stephanie Weiss describió que en los suelos agrícolas de Mecapaca y en las hortalizas cultivadas allí se encontraron residuos de arsénico, cobre y zinc, que pueden causar enfermedades cardiovasculares y diabetes, entre otras. Los residuos farmacológicos en las aguas del rio La Paz pueden generar resistencia a antibióticos, según Weiss.
Durante décadas se ha hablado de instalar una planta purificadora y nunca se ha logrado concretar ese proyecto. A mi juicio, se parte de un supuesto errado: invertir para limpiar las aguas contaminadas es reconocer que seguiremos siendo cochinos y que no hay otro remedio que curar el mal que es y será crónico. Es aceptar que no tenemos enmienda como sociedad, mientras que en otros países es a través de la educación y también de sanciones aplicadas sin contemplación, que se ha logrado mantener los cauces urbanos limpios.
Muchas ciudades del mundo, incluso más pobladas que La Paz, se enorgullecen de sus ríos y son un atractivo turístico para quienes desean pasear en sus riberas. Aquí estamos tan acostumbrados a la cloaca abierta y hedionda, que ni siquiera nos avergonzamos. Peor aún, seguimos alimentando la porquería con basura.
Según un reportaje de Sergio Mendoza Reyes, publicado en Brújula Digital (15 de enero de 2025), el proyecto de instalar una Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) se remonta al año 1990. No solamente se han hecho anuncios, sino que se ha invertido una cantidad considerable de dinero, más de 21 millones de bolivianos, en hacer estudios preliminares, comprar terrenos e iniciar obras para la instalación de la planta, sin que hasta el momento haya nada concreto. Este es otro ejemplo de malos manejos de recursos del Estado, esta vez por parte de la empresa EPSAS.
La corrupción es la madre de muchos males en Bolivia. El mismo reportaje revela que “en octubre de 2021 el entonces interventor de la EPSAS, Gonzalo Bladimir Iraizos, viajó a Turquía con una decena de funcionarios públicos para supuestamente verificar la tecnología que tendría la PTAR. El viaje se hizo de manera irregular junto a trabajadores del Ministerio de Medio Ambiente y Agua (MMAyA), de acuerdo a denuncias publicadas en El Diario”. Manga de aprovechadores.
La misma historia de siempre: la viajadera inmoral e impune de funcionarios corruptos que se aprovechan del Estado para hacer turismo. Probablemente no se harán siquiera auditorías, porque un hecho de corrupción cubre a otro anterior y así sucesivamente. Lo que se gasta en viajes y viáticos de funcionarios del Estado es escandaloso (y sigue siendo con el gobierno actual en todos los ámbitos del Estado). Indolentes, ven al país de rodillas, pero a los burócratas no les faltan dólares para girar por el mundo sin beneficio para Bolivia.
Todo para nada, pues no se hizo la planta y seguimos consumiendo legumbres contaminadas. “El problema es que se riegan con heces, orines, medicamentos, sangre, y todo lo que se puedan imaginar que se despacha al alcantarillado en la parte alta de la cuenca, es decir en la sede de gobierno”, afirma Mendoza Reyes en su escalofriante reportaje.
Vivimos en medio de la basura, no solamente en La Paz. En Bolivia se genera diariamente la friolera de 10 mil toneladas de deshechos sólidos. La festividades y carnavales pueden triplicar las cifras diarias de basura porque la gente convierte a las calles en basureros. La falta de educación cívica, es decir, de educación para la convivencia, es patética. Somos un pueblo de cochinos. Por nuestras propias acciones estamos expuestos a aguas contaminadas y aire peligroso por las partículas en suspensión. Nos hemos acostumbrado a ver basura en las calles, a vivir en ciudades-cloacas.
La Ley 755 de Gestión Integral de Residuos Sólidos vigente desde 2015 es un saludo a la bandera, como tantas otras leyes que no se traducen en acciones concretas porque no tienen reglamentación ni existe verdadera voluntad política. Ahora que las elecciones sub-racionales ya han llegado a su término, veremos si las nuevas autoridades municipales hacen algo que no sea robar.
El autor es escritor y cineasta
