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La eutanasia, ¿un suicidio menos traumático?

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05.04.2026

Esta columna le debe su nombre a un relato o pequeña novela que escribí a los 24 años, era la historia de un suicida, se titula “la curva recta”,  es por eso que me siento casi obligado a escribir sobre la eutanasia que le fue practicada a la joven mujer en la “madre patria”, y es que fue un suicidio asistido que ha conmovido, y espeluznado a muchos y ha puesto a las redes a ful, tanto por parte de los partidarios de que la joven pueda cumplir con su deseo de morir, como por parte de quienes consideran ese hecho una aberración. De paso han aparecido quienes han querido llevar el agua a su molino, los que llevan el paquete completo, pro vida, anti aborto, anti eutanasia, y anti migración,  y los que opinan exactamente lo contrario. Y también ciertas visiones feministas, que han visto la oportunidad de mostrar un caso más de abuso masculino sobre una mujer, una violación grupal, como antecedente  directo para quitarle a una mujer las ganas de vivir. Y están por supuesto los buenos, que quieren echarle la culpa a la sociedad, (vale decir al capitalismo), que le hubiera fallado a esa pobre mujer, mejor si la llamamos niña. 

Lo sucedido puede ayudarnos mucho en el manejo de este delicado tema que es la legalización de la eutanasia, algo que a primera vista es un derecho que deberían tener las personas cuando se enfrentan a una vida llena de sufrimiento, físico ante todo, sin dignidad, y sin perspectiva. Hay casos donde esa situación es completamente clara, ayudar a morir a alguien en ciertas circunstancias, puede ser un acto de la mayor caridad, del mayor amor. 

Existe también una condición psiquiátrica que impide a las personas seguir viviendo, una profunda depresión, unas ganas de morir, o un sufrimiento enorme porque la mente le juega a uno una terribles pasadas. He sido tocado a lo largo de mi vida por varias situaciones en que personas queridas, cercanas, o personas cercanas de personas queridas han tomado esa decisión extrema, Y por supuesto parte de mi capital cultural está también compuesto por una literatura que de una forma u otra refiere el suicidio o hasta lo promueve, Madame Bovary, Ana Karénina, Yocasta, son algunos de los personajes femeninos,  el joven Werther, (que además causó una ola de suicidios en su época). 

Es posible que todo ser humano se haya preguntado en algún momento, aunque sea de una manera irreflexiva, casi lúdica, con la opción de quitarse la vida, y estoy seguro que de no ser por el anatema creado por el cristianismo, las olas de suicidios hubieran sido incontrolables. Como en muchos otros aspectos de la regulación de la sociedad, la condena al suicidio, tuvo un gran sentido en la historia de occidente. 

En estos tiempos, en que la religión, sobre todo en el epicentro del mundo occidental ya no juega un rol preponderante, se han desmontado una serie de tabús que han hecho la vida más fácil, o más feliz a las personas. Eso casi siempre va acompañado de una mejor tecnología, la libertad sexual es posible gracias a la penicilina, los preservativos, y la píldora, (y los retrovirales), y la eutanasia es más posible por la forma aséptica en que puede ser administrada, ayudar a morir a alguien, estrangulándolo, o usando un cuchillo, es mucho más difícil que hacerlo siguiendo un protocolo, donde no hay sufrimiento para quien se va, y se puede mitigar, si acaso aparece un fantasma de la culpa, con el hecho contundente de que se han seguido todos los pasos legales para cumplir con la voluntad y el derecho de la persona. 

Es posible que la joven Noelia hubiera pertenecido al grupo de personas que simplemente no podían vivir, y que tarde o temprano igual se hubiera suicidado, y con mayor sufrimiento, al lanzarse desde una ventana de un piso más alto. Pero siempre queda, sobre todo con las personas jóvenes que optaron por suicidarse, la duda de si, tal vez, solo tal vez, una charla, un apoyo más explícito, hubiera podido cambiar ese destino.

En esta historia, el padre ha sido visto como un villano, y es posible que no hubiera sido un padre ejemplar, pero solo quiso salvar la vida de su hija. Hay una premisa, que no debe ser dejada de lado: mientras hay vida, hay esperanza, a pesar de las terribles limitaciones con las que la joven tenía que enfrentar la suya. 

Noelia logró su cometido, a ella no le falló la sociedad, logró morir sin dolor, La sociedad moderna ha dado un paso importante. De tan humana, ha puesto a disposición de quien así lo desee, su aparato sanitario para facilitar el suicidio a alguien que ya no quería vivir. Este hecho no es un atentado contra la milenaria tradición cristiana, sino una constatación del cambio de paradigma en la sociedad moderna.

La humanidad es más generosa hoy que nunca antes, la sociedad occidental, fundada sobre las bases del cristianismo, se ha superado a si misma, tal vez sea bueno que haya una asistencia a jóvenes suicidas, pero en el caso de Noelia, siempre quedará la duda de si no pudo haber un camino diferente, si de alguna manera, no se le negó una opción de vida y de felicidad, no puedo dejar de compadecerme del padre, enfrentando inclusive a la Unión Europea, solo para que su hija no se suicide.

La duda sobre si se hizo lo mejor para la paciente, seguro que quedará en el corazón de todos los involucrados, está también la presión mediática. Con todo lo que estaba pasando, tal vez la joven ya no tuvo la opción de retractarse en el último momento, como lo hace un importante porcentaje de personas de avanzada edad que se adhieren a un programa de eutanasia.

El autor es operador de turismo 


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