La activista está desnuda |
El numerito que se gastó María Galindo en un programa de televisión cruceño, cumplió con todas las expectativas de su narcisismo, no solo se hizo viral en las redes sino que por todo lado y en todo tono se habló de ella, y como dicen en cierta provincia collamantina, “lo importante es que hablen de ti, aunque sea… bien”. Uno podría admirar su capacidad mediática, si ella no tuviera en su haber un accionar perverso a partir de su poder, me refiero por supueta a la condena injusta de William Kushner.
Pero volviendo a lo que pasó en ese programa, la acción misma de hacer tiras con un Tipoy, me parece una acción que no merece el repudio que ha despertado, y por nada del mundo estaría yo de acuerdo con que la mujer sea condenada por destruir un tipoy, que s un lindo vestido regional, pero realmente no es un símbolo, como tampoco lo es una pollera, una manta de manila, un bombín o un sombrero de saó. Son trajes y accesorios regionales, que tienen su gracia, y que es lindo que pervivan, pero eso es todo.
Ahora bien, lo que hizo la Galindo en esa entrevista, seguro que no puede inspirar ninguna simpatía en el oriente boliviano, pero ella no busca simpatías, por lo demás algunos hubieran criticado que lo llevaba mal, sobre ese traje de latex tan popular en el sub mundo del sado masoquismo kink.
Pero el asunto va por otro lado, luego de usar las tijeras la activista se lanzó con un discurso “descolonizador”, rechazando el traje porque hubiera sido una imposición de los españoles, de los curas que hicieron que las mujeres sintieran vergüenza de su desnudez… Ese es parte de un discurso que paree inteligente, pero que es muy burdo.
Aunque es verdad que el tipoy es parte del acervo colonial de esta parte del mundo, como o es la pollera y el Bombin, también es la lengua española, y la mayor parte de las características culturales que tenemos, si María fuera consecuente, tendía que escupir en el api y el moco chinchi que comercializa en su boliche, y destrozar las ollas en las que su gente las prepara.
El problema es que los bolivianos, para no hablar de toda la Hispanoamérica somos tributarios de la cultura española en casi cada una d nuestras actitudes, en casi cada una de nuestras costumbres, y eso no solo no está mal, sino que no se puede cambiar, cortando trajes, matando vacas y chanchos, escupiendo en el fricasé y el ají de lengua, no vamos a cambiar nada, y si pudiéramos hacerlo sería para peor.
Somos producto de nuestra historia, y en realidad solo nos puede ir bien si asumimos plenamente ese hecho, pasa lo mismo con el cacareado “patriarcalismo”, la cultura humana, se ha desarrollado con sus luces y sombras, y (terrible sombras) a partir de una construcción patriarcal, pero de lo que se trata no es de negar, o extirpar esa parte de nuestra historia, (o evolución, en el caso del patriarcalismo), sino de superar las taras, los aspectos que hoy son considerados como negativos.
María Galindo ha querido hacer una provocación a los valores locales de Santa Cruz, pero ha terminando abriendo un boquete en la esencia misma de su discurso. La descolonización es un absurdo, tanto desde el punto de vista antropológico, como desde el punto de vista sociológico, al (no tan) nuevo gobierno le toca también cambiar el nombre de uno de sus ministerios.
Este país, es mestizo, es el resultado de una conquista, y de un período que si quieren puede ser llamado colonial, pero que fue el período en que se creo nuestra sociedad, y la república es también mestiza, y construyo también sociedad, más allá de sus múltiples falencias.
Tenemos que luchar contra las injusticias, contra el racismo, contra la corrupción, contra la dejadez, pero no contra nuestro pasado ni contra nuestros orígenes, ni contra nuestra historia, eso implica una negación de una mismo.
El autor es operador de turismo