Cuando el cielo arde
(Los incendios y las olas de calor no son un fenómeno natural: son la factura de un modelo económico que sigue intacto)
Hay un momento en que el calor deja de ser noticia y se convierte en acusación. Cuando el termómetro supera los cuarenta grados en la Ribera, cuando las noches tropicales impiden dormir hasta en la Cuenca de Pamplona, cuando el humo de los incendios tapa el horizonte y miles de hectáreas desaparecen bajo las llamas, ya no estamos ante un fenómeno natural. Estamos ante el resultado de decisiones políticas y económicas tomadas durante décadas.
Cada incendio es un acta de acusación. Cada ola de calor señala con el dedo a quienes insisten en que basta con “adaptarse”, mientras siguen alimentando las causas de la catástrofe.
El Estado español vuelve a arder. Ávila, Madrid, Toledo, Castellón… decenas de miles de hectáreas reducidas a ceniza. Navarra afronta de nuevo temperaturas extremas impensables hace apenas unas décadas. Los científicos ya no hablan de excepciones: hablan de la nueva normalidad. Europa se calienta el doble de rápido que la media mundial, y la península Ibérica es uno de los territorios más vulnerables del continente.
Y sin embargo seguimos escuchando el mismo discurso hueco. Se nos exige responsabilidad individual mientras las grandes corporaciones energéticas baten récords de beneficios. Se nos pide ahorrar agua mientras se autorizan proyectos que multiplican el consumo eléctrico y de recursos naturales. Se nos invita a reciclar mientras permanece intacta la maquinaria económica responsable del desastre.
Nos quieren hacer creer que el problema es climático. No. El problema es económico. “El cambio climático no lo ha provocado la humanidad en abstracto. Lo ha provocado un sistema que convierte cada río, cada bosque y cada........
