De hospitales, Aranarache y Beruete |
Hola personas, de nuevo con vosotros tras un parón involuntario. Ya imaginaréis por qué la semana pasada no salió el hombrecico de negra silueta a pasear por esa Pamplona de nuestras entretelas. Efectivamente, mis males motrices, una vez más, fueron la causa. El miércoles pasado terminaba mi día con un paseo atípico, me pasee, mejor dicho, me pasearon en ambulancia de mi casa al hospital. Una vez allí, me echaron el lazo y ya no me dejaron salir hasta el lunes de esta semana. Los días allí pasados no han sido precisamente un viaje de placer. Un fuerte dolor se instaló en mi pierna izquierda y me ha tenido atenazado todos y cada uno de los minutos que he estado ingresado, y un gotero enchufado a mi vena me ha tenido atado a una cama de la que no me podía mover.
El anterior ERP acabó con un “continuará” para recorrer los diferentes grupos que, juntos, conformamos el tejido social pamplonés, pero, como ha surgido el antedicho, e imprevisto, paseo, vamos a cambiar de idea. Ya sabéis: la actualidad manda. Si queda sitio, veremos ambas cosas.
Mi paso por la casa de la salud ha sido uno más, nada cambia, excepto el compañero de habitación. En esta ocasión dos han sido los que han pasado por la cama 111V. Cuando llegué ya la ocupaba Rufino, un señor mayor al que acompañaban sus dos hijas. Una gente encantadora, naturales de Aranarache, entre Urbasa y Lóquiz, en el valle de las Amescoas, esa zona de Tierra Estella, lindante con Álava y con La Rioja, en la que se esconden un sin fin de pequeñas poblaciones llenas de historia y naturaleza, de casonas y palacios, y que son poco conocidas para el resto de los navarros.........