Amparo Arangoa Satrustegi |
Hay fechas que no aparecen en los manuales escolares, pero que explican mejor que ninguna otra qué fue realmente la Transición. El 21 de abril de 1976 es una de ellas.
Ese día, a la salida de la fábrica de papel Sarrio, en Leitza, la Guardia Civil detuvo a Amparo Arangoa, trabajadora y militante de la ORT. Lo que vino después, tres días de torturas en el cuartel de Tolosa, bajo el mando del capitán Jesús Muñecas Aguilar.
Cincuenta años después, seguimos escuchando la misma cantinela: que la Transición fue modélica, que la violencia quedó atrás, que el país avanzó gracias al consenso. Pero la historia de Arangoa desmiente esa postal. En 1976, mientras se hablaba de aperturas y reformas, los cuerpos policiales seguían aplicando el mismo repertorio represivo que en los años más duros del franquismo. Y lo hacían, además, contra quienes estaban empujando la democratización real: las trabajadoras y trabajadores que se jugaban el empleo, el cuerpo y la libertad en las fábricas.
El caso de Arangoa también revela algo que rara vez se menciona: el papel de las mujeres en el movimiento obrero. No como figuras secundarias, sino como dirigentes sindicales, organizadoras y referentes. Y, por eso mismo, como objetivos prioritarios de la represión. La violencia que sufrió no fue solo política: fue también una violencia de género ejercida........