Una ampliación que no cerró Europa

En 2004, la UE protagonizó uno de los movimientos políticos más ambiciosos de su historia: la incorporación de diez nuevos Estados, muchos de ellos procedentes del antiguo bloque soviético. Aquella ampliación simbolizaba el fin de la división del continente y la consolidación de un modelo basado en la democracia liberal y la integración económica. Sin embargo, más de veinte años después, el balance exige una reflexión menos complaciente. En varios de estos países han emergido con fuerza corrientes ultranacionalistas, gobiernos iliberales y discursos euroescépticos, en ocasiones acompañados de posiciones cercanas a Rusia. La promesa de convergencia económica y cohesión social no se ha materializado plenamente, y la brecha entre Este y Oeste sigue siendo perceptible. Europa se amplió, pero no terminó de consolidar un sentimiento compartido de pertenencia. Aquel momento histórico fue celebrado como el cierre definitivo de la Guerra Fría, pero con el tiempo ha evidenciado fisuras estructurales. La integración formal no ha ido siempre acompañada de una integración en términos sociales y políticos. Y esa distancia creciente se ha........

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