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Humor

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03.03.2026

Cualquier cosa, cualquier hecho, puede interpretarse de un modo delirante, claro. Esa es la cuestión, en realidad, Lutxo. Lo propensos que somos al delirio. Lo inclinados que estamos a la farsa interesada: la que interpretamos ante nosotros mismos para creérnosla. ¿Acaso es realmente posible luchar contra eso? Es muy difícil, eso seguro. O tal vez imposible. Ahora bien, si todo es una farsa, que sea una comedia, por favor.

Ahora todos queremos pensar así. Ahora todos preferimos hacer comedia. Nada de tragedias. Al parecer, ya no valemos para la tragedia. Había que ser de otra pasta. Como bien dijo Nietzsche o tal vez Camus, la tragedia pasó, viejo gnomo, le digo. Y entonces me dice (con el vaso en la mano, como si fuera Michael Caine), que se está poniendo de moda la Virgen. En las galas y fiestas elegantes.

Que lo ha oído en la radio. Vale, yo no lo sé. Aunque puede que tenga razón, el viejo y entrañable cenutrio. En todo caso, creo que es obvio que viene una moda retro ya. Una moda puritana de un modo vintage peliculero a nivel de indumentaria moral en blanco y negro con textura de cómic gótico, no sé si me explico. Además hay agresividad en las reacciones y en el lenguaje: tanto en el vocabulario y en el tono.

Será la noosfera, supongo. Y nos está afectando a todos. Incluso a ti. Es como si la respiráramos. La violencia, quiero decir. Si hubiera un aparato capaz de medir la violencia que corre ahora por las neuronas de nuestra conciencia colectiva, nos daríamos cuenta de que tendríamos que empezar a relajarnos. No obstante, siento decirlo, a veces me temo que eso no es posible: que el ser no se relaja. Y esa es la graciosa tesitura en la oscila mi humor, últimamente, Lutxo, le digo. Y me suelta: Esperemos que sea para bien.


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