De cazas a hipotecas |
El Estado español ha negado que las bases andaluzas de Morón y Rota presten asistencia a Estados Unidos en su ataque a Irán. El Gobierno defiende que solo puede hacerse cuando se actúa dentro de la legalidad internacional y, en este caso, no se trata de una operación formal de la OTAN. Pero esa decisión no evita que el conflicto tenga efectos en casa. El primer frente es el económico.
La industria navarra, en alerta ante una subida de la energía por el ataque a Irán
Si la guerra se amplía y afecta a Irán o al tránsito por el Estrecho de Ormuz –una de las principales rutas del petróleo mundial– el precio del barril sube. Y cuando sube el petróleo, sube casi todo. España importa la mayor parte de la energía que consume, por lo que el impacto es directo: gasolina y diésel más caros, transporte más costoso y, en cadena, alimentos y productos básicos al alza. Si la energía sigue cara, la inflación no baja. Y si la inflación no baja, el Banco Central Europeo no puede reducir los tipos. Resultado: hipotecas y préstamos más caros durante más tiempo para empresas y familias.
El segundo plano es el de la seguridad. Nuestro país está a miles de kilómetros del foco principal del conflicto –extendido a toda la región–. Los aliados más próximos de Irán se encuentran en Oriente Próximo: el régimen sirio, Hezbolá en Líbano o las milicias hutíes en Yemen, además de su relación estratégica con Rusia. Pero no hay que olvidar que España forma parte de la OTAN. Si una escalada afectara a países aliados, el marco de defensa colectiva podría activarse. Y no por proximidad geográfica, sino por compromiso político y estratégico. Por lo tanto, que nuestros cazas no despeguen no impide que la onda expansiva del conflicto atraviese nuestras fronteras a través de la cartera y la seguridad estratégica.