El puchero de Ceuta hirviendo con la infancia migrante
Hay imágenes que no me caben. No imagino a un menor de mi entorno marchándose a otro país para tener una vida mejor. Los nuestros se van con billete de ida y vuelta a estudiar inglés o de Erasmus. Vuelven con la cuenta vacía y la maleta llena de ropa sucia. Hay pacto, celebración y acuerdo. Quizá más adelante muchos se irán fuera buscando trabajo, con más formación o con la decepción de no haberlo encontrado aquí. Pero no consigo imaginar alguien menor que, sin nada, da un salto al vacío del agua o de una valla para llegar a otro país. Entiendo aún menos que haya muchos niños y niñas de menos de trece años en ese tránsito.
El puchero de Ceuta hirviendo con la infancia migrante
Sin embargo, esos menores, junto a adultos, se han hecho multitud en Ceuta. Con lo puesto, con el teléfono envuelto en plástico y un nombre escrito a bolígrafo en el brazo. ¿Los han lanzado con informaciones falsas? ¿Son marionetas de una estrategia inconfesable? Se han decidido igual. Andar, nadar, escalar, ir donde el instinto de supervivencia los empuja.
La familia en otro lado
Nos cuesta aceptar que cierto acuerdo familiar esté detrás de la tragedia, aunque no sea explícito. No hay carta de venta ni contrato. Nuestra moral del bienestar, que a veces es moral del malestar, lo juzgaría con severidad inmediata.
Pero la historia de las familias es también la historia de sus transacciones. Hubo bodas por dotes. Conozco a personas que, siendo niñas, fueron a servir a otras casas a cambio de la manutención. Se repartían menores entre tíos y abuelas porque no había suficiente. Se enviaba a colegios internos para aliviar la economía. Si un menor se va, quizá haya más comida para el resto.
No es justificación, sino intento de explicar lo inexplicable. Uno sabe que simplificar es peligroso, porque no todas las historias son iguales. Hay quien fue engañado, quien pagó a una mafia y ya vio la estafa. Y hay quien se escapó sin decir nada en casa, con inconsciencia y coraje adolescente. Pero hay demasiados preadolescentes. En el frío de las estadísticas apenas conocemos cada caso, con su historia. Hay quien tiene prisa y denuncia retrasos en soluciones simples, cuando todo es complejo, y tras la frontera........
