Así cambia la piel del socio |
Después de 14 partidos ya en el Camp Nou, es pertinente una doble constatación. Se ha rejuvenecido la gente que va al fútbol y hay mucho más colorido en la grada. Quizá una cosa es consecuencia de la otra: al bajar la media de edad, hay mucha más gente que va con la camiseta o la bufanda del Barça. Lo evidente, visualmente, es que ya sea con 45.000 espectadores o, ahora ya con 56.000, hay mucho más colorido azulgrana ahora que antes. Mejor dicho, en 125 años de historia, jamás había habido tanta gente ataviada con los colores del club.
Es una moda mundial que en Barcelona ha tardado más en llegar, pero ha llegado. Incluso en Cornellà hace ya tiempo que predominaba el blanquiazul mientras no era así en el Camp Nou. Son los signos de los tiempos. De las fotos del campo de Les Corts se ve mucho hombre con sombrero. Esto ya hace muchas décadas que pasó a la historia. Ahora sí, basta con cerrar un poco los ojos en cualquier momento del partido, para ver que el panorama social está absolutamente salpicado de rojo de sangre y azul de mar, por decirlo con las mismas imágenes que Josep Maria de Sagarra utilizó para su poema cuando la inauguración del estadio en 1957. Es bonito este aspecto de coreografía culé, por ejemplo, en el momento de entonar el himno con las bufandas levantadas, al más puro estilo inglés.
La segunda constatación es que en el fútbol hay mucha menos gente mayor que antes. Especialmente, que antes de la pandemia. A mi entender, hay cuatro fenómenos que han alejado a los socios más veteranos del estadio. El primero fue, precisamente, el Covid-19. En Catalunya murieron, oficialmente y por culpa directa de la enfermedad, más de 21.000 personas. De ellas, más de 800 eran socios del Barça. Luego, una vez se pudo volver al Estadi, justo un año y medio después, pasaron más cosas: la gente mayor había incorporado miedos (a los contagios, a los aglomeraciones…), al campo solo podían ir inicialmente 20.000 espectadores y, además, durante una temporada y media se habían acostumbrado a verlo tranquilamente por televisión.
La segunda criba se produjo en la subida a Montjuïc. Las dificultades de acceso a la montaña maldita y el no tener siempre un mismo asiento fijo, fue altamente disuasorio. Además, la posibilidad de coger excedencia para Montjuïc y no perder tu localidad en el Camp Nou les tranquilizaba para decir “no voy”. La tercera criba para el abonado más mayor ha sido ya en el regreso a casa. Hay la ilusión por ver las obras y ver cómo está quedando el estadio, pero las incomodidades para llegar y salir, o el haber perdido las 4.500 plazas de parking en el mismo estadio, están frenando a gente que, a la edad que ya duelen las costuras, se le hace una montaña andar desde el metro o el tranvía más cercano.
Y, ya puestos, la complicación de las entradas digitales, el tener que hacer la gestión partido a partido con una aplicación del móvil, y cruzar los dedos para que funcione, ha sido una brecha social que no hace más que constatar el paso del tiempo. O esa bendita ley de vida de que el Barça nos sobrevivirá a todos.
1. Mbappé llega a su país y agradece que los médicos especialistas de París le han solucionado el problema que ha arrastrado durante meses. Los médicos del Madrid han quedado retratados.
2. En la casa blanca echan humo con Mbappé, pero callan. Si en el Barça nuestra principal estrella pusiese a nuestros galenos en tela de juicio, ardería La Masia. Como mínimo. La crisis sería institucional.
3. Que el entorno de Mbappé filtre, incluso, que en Madrid le trataron la pierna equivocada, es el chiste del año.
4. La camisa de cuadros que Guardiola lucía ante el Madrid en Champions dicen que costaba 300 euros. La chaqueta Louis Vuitton de Arbeloa para el derbi cuesta 3.000. El técnico madridista quería ganar por goleada.
5. ¿El plan de renacimiento del Barça de basket pasa por Mike James? Otro talento de 36 años. Ya puestos, Marcelinho Huertas a los 41 nos iría de cine.