Arbeloa se carga la historia |
La historia del fútbol, que tan bien conocen los buenos aficionados, recuerda que el Madrid siempre fue beneficiado por los árbitros, siempre criticó el victimismo de su rival y siempre alardeó de señorío. Álvaro Arbeloa se lo ha cargado todo de un plumazo. El entrenador blanco culpó directamente a los árbitros de la muy deficiente temporada del Madrid, lloró como no lo había hecho ningún entrenador blanco y siguió cargando y presionando al colectivo arbitral en plena rueda de prensa sin ninguna consideración al mínimo respeto. La única realidad de la que no habla Arbeloa es que el Real lleva dos años sin ganar absolutamente nada gordo tras fichar a Mbappé a bombo y platillo y extender el talonario antes del Mundial de clubs para conformar una plantilla que se debía comer el mundo y se ha quedado sin plato y sin mesa.
Es una vergüenza que el técnico del Madrid le eche la culpa de su fracaso a los árbitros cuando es notorio en todo el mundo del fútbol que el Real ha sido siempre el más beneficiado en Europa y en España, sin ningún tipo de discusión. Arbeloa no ha sabido hacer lo que para él es el modelo del Madrid: ganar. Da la sensación de que en el Real viven con la boca abierta por la sorpresa cuando les pitan sin ayudas. Es normal que necesiten un tiempo para acostumbrarse. Ellos prefieren la competición de solo nueve partidos, mucho más controlable a todos los niveles, que una larga de 38 en la que se acostumbra a imponer el mejor equipo, el más regular.
Ahora están descubriendo que en la Champions un detalle puede cambiar la eliminatoria. Antes negaban esa posibilidad porque decían que los partidos duraban 90 minutos y se podían superar los detalles. Ahora, no. El discurso es cambiante en función de los intereses y se dirigen al hooligan blanco en lugar de al madridista razonable. Pero que en los dos últimos años no hayan ganado nada no puede deberse a los árbitros sino a la confección de la plantilla, a la dirección técnica y a la reacción y actuación de los componentes del vestuario. Es desagradable escuchar a Arbeloa en esa campaña estratégica, pero sobre todo es cansino y muy aburrido.