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Del sufrimiento al “sí se puede”

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Dicen que en los derbis se acortan las diferencias entre los contendientes. Que suelen ser partidos con vida propia. El de ayer en el nuevo Camp Nou no fue una excepción, puesto que durante muchos minutos no parecía que estuvieran enfrentados un equipo que marcha directo hacia la reválida del título de Liga, con una ventaja de nueve puntos sobre el más inmediato perseguidor, con otro que lleva todo el año 2026 incapaz de ganar un solo partido. Y así fue durante una buena parte del segundo tiempo, cuando Pol Lozano acertó a poner el 2-1 en el marcador y amenazar la victoria blaugrana. De un posible 3-0, propiciado por un supuesto ‘hat-trick’ de Ferran Torres, que había roto su ayuno goleador de dos meses y medio, se pasó a ver peligrar una victoria que se daba por hecha desde el día anterior, con el empate del Girona en el Bernabéu.

Acarició el Espanyol la posibilidad de protagonizar otro ‘Tamudazo’, sobre todo cuando Edu Expósito fue capaz de poner en la punta de la bota de Roberto Fernández un balón que el delantero perico no fue capaz de empujar al fondo de la red de la portería de Joan Garcia. Y ya se sabe qué suele decir otra máxima del fútbol, que si perdonas lo acabas pagando, por lo que Lamine decidió aprovechar un regalo del portero Dmitrovic, que lo dejó solo ante la portería blanquiazul para sentenciar la victoria de un Barça todavía más líder. Más el colofón final de un cuarto tanto de Rashford, que aprovechó la asistencia de oro del aparecido De Jong, recibido por la grada con división de opiniones. En un abrir y cerrar de ojos se pasó del sufrimiento, a la fiesta de la celebración de una Liga que con nueve puntos de ventaja, a falta de veintiuno por disputar, no se puede escapar. Consciente de ello la gent blaugrana despidió al equipo cantándole el “sí se puede” para hacer realidad la gesta de una remontada histórica en el Metropolitano.

Como la cosa iba de nostalgias me permitirán recuperar mi primer derbi, que no fue otro que el de Kubala vestido de blanquiazul en el Camp Nou. Tres años después de su retirada, con partido de homenaje incluido, ‘Laszi’ cometió la osadía de fichar por el máximo rival ciudadano. Era un chaval de siete años, que no alcanzaba a entender el porqué de aquellos pitidos cada vez que un rubio jugador visitante tocaba la pelota, por mucho que mi padre se empeñaba en explicármelo. Aunque con el paso del tiempo llegué a comprender que en el fútbol, como en la vida, ciertas infidelidades no están permitidas y aquella tarde hubo goleada ‘vintage’: Barça 5- Espanyol 0.


© Mundo Deportivo