La salida de Amaranto

Al día siguiente de la dolorosa derrota ante el Internacional de Bogotá, en la que el equipo jugó con un hombre de más, me encontré muy temprano en los alrededores del estadio Atanasio Girardot con el tío Vanegón. Estaba sentado en una de las bancas de la zona de los hinchas, con una vieja camiseta del ‘Medallo’, el sombrero un poco ladeado y esa mirada de quien ha visto mil batallas. Me invitó a sentarme con un gesto de mano y un “¿qué más, Mauro?”. No hacía falta mucho para saber de qué íbamos a hablar. El ambiente alrededor del equipo estaba caliente, y el nombre de Amaranto Perea flotaba en todas las conversaciones.

—Tío, hay que hablar claro —le dije—. Amaranto debe salir. No se le ve una estructura sólida al equipo. Hay mucha improvisación. Uno mira los partidos y no entiende bien qué........

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