«El putas de Aguadas» |
Por azares del destino, hoy han vuelto a mi memoria los relatos de mi padre. Lo recuerdo llegando a la casa con el periódico bajo el brazo; tras un breve descanso, se sentaba en la sala a fumar y a leer. El humo de su cigarrillo se iba hilvanando con sus historias.
Aunque era un hombre recio y, en ocasiones de temperamento difícil, poseía el don de narrar anécdotas y experiencias de vida, su palabra tenía la magia de los antiguos narradores. Oriundo de Abejorral, en el oriente antioqueño, su oficio de arriero lo llevaba a cruzar la cordillera con su recua de mulas; era así como por desfiladeros, ríos y pantanos transcurrían sus días hasta llegar al municipio de Aguadas donde dejaba la carga.
Fue allí, en ese destino de sombreros, carriel y alpargatas, donde conoció a mi madre, se enamoró y formó nuestra familia. Un día, mientras saboreaba una rica “agua sal” que le hacía mi madre, le escuché hablar del “Putas de Aguadas”. Quiero aclarar que, lejos de ser un insulto o una grosería, este apelativo es un superlativo de admiración: representa la capacidad, el arrojo y la berraquera de un hombre que no se detiene ante nada, cuya valentía y tenacidad se fueron convirtiendo en leyenda viva en aquellos caminos de herradura.
Con el pasar de los años,........