Absurdo desmontar los impuestos saludables
El debate sobre la salud pública en Colombia no puede reducirse a un cálculo de popularidad ni a consignaciones tributarias simplistas. La reciente iniciativa impulsada por los representantes Daniel Briceño y Carol Borda, busca echar para atrás los llamados «impuestos saludables» bajo el argumento de que impactan el bolsillo de los tenderos y las finanzas del ciudadano de a pie. Sin embargo, pretender desmontar esta carga fiscal no solo representa un retroceso irresponsable, sino un rechazo absoluto a la evidencia científica y epidemiológica que demuestra cómo la proliferación de comestibles ultraprocesados está carcomiendo la salud nacional. La propuesta de los congresistas peca de una miopía alarmante al ignorar que el verdadero costo no se mide en la vitrina de la tienda, sino en los pasillos de las salas de urgencias.
Si recorremos con ojo crítico las estanterías de cualquier tienda de barrio, supermercado o puesto ambulante, la realidad salta a la vista: difícilmente el diez por ciento de la oferta disponible corresponde a alimentos reales e integrales. En su lugar, predomina un paisaje saturado de carbohidratos refinados, azúcares añadidos y grasas trans presentadas en múltiples empaques y colores. Llamar a estos productos «alimentos» es un desacierto conceptual, pues no nutren; son comestibles........
