Segunda vuelta presidencial

No es usual —y mucho menos puede normalizarse— que, ad portas de una segunda vuelta presidencial, empiecen a acumularse actuaciones, decisiones judiciales, anuncios penales y maniobras políticas que terminan poniendo en entredicho la tranquilidad, la transparencia y la confianza de la jornada electoral que se aproxima.

Lo ocurrido con la campaña de Abelardo no puede mirarse como un simple trámite judicial más. La decisión que pretendió restringirle el uso de expresiones como “Firmes por la Patria”, así como el uso de símbolos asociados a su comunicación política, incluida la camiseta de la Selección Colombia, apareció en el momento más sensible de la contienda. Aunque esas restricciones fueron posteriormente reversadas o suspendidas por otras autoridades judiciales, el daño político ya estaba servido: durante horas decisivas se instaló la idea de que un despacho podía intervenir de manera directa en los signos, mensajes y símbolos centrales de una campaña presidencial.

Ese episodio revela un problema de fondo. En democracia, las autoridades deben garantizar reglas claras, neutrales y predecibles; no producir sobresaltos institucionales que alteren la cancha cuando el partido ya está en los minutos finales. Una cosa es vigilar que nadie abuse de símbolos oficiales del Estado, y otra muy distinta es convertir una discusión de propaganda electoral en una herramienta capaz de afectar selectivamente la comunicación de un candidato a pocos días de concurrir a las urnas.

A ese frente se suma otro debate igual de delicado: la pretensión de cuestionar la........

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