El derecho internacional sin dientes y la urgencia de una autoridad global efectiva |
El derecho internacional público atraviesa una crisis que ya no admite eufemismos. No es una crisis de normas, ni de tratados, ni de declaraciones. Es una crisis de poder. O, mejor dicho, se impone preguntarse ¿la ausencia de un poder capaz es deliberada?
El contraste es tan evidente como incómodo. El derecho internacional privado —contratos, arbitrajes, reconocimiento de sentencias— funciona. Tiene jueces, procedimientos y mecanismos de ejecución reales. Produce consecuencias. En cambio, el derecho internacional público —el que debería proteger la paz, la vida civil, la integridad territorial y la legalidad entre Estados— fracasa sistemáticamente cuando entra en conflicto con los intereses de las grandes potencias.
Hoy los Estados violan abiertamente el derecho internacional, desconocen fallos judiciales, cometen actos ilegales y vulneran derechos fundamentales sin enfrentar sanciones oportunas. No porque el derecho sea confuso, sino porque el sistema está diseñado para permitir que el poder bloquee a la legalidad.
El problema es estructural. El orden internacional descansa sobre una premisa que ya no resiste la realidad del siglo XXI: la soberanía absoluta y el consentimiento voluntario como........