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He Jiankui, un fracasado buscador de gloria

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29.11.2018

Quizá He Jiankui, el genetista chino que esta semana anunció el nacimiento de los primeros niños modificados genéticamente, se imagine a sí mismo como un nuevo Robert Edwards, el padre de la fertilización in vitro. Él mismo ha comparado la reacción a sus trabajos con las duras críticas que los pioneros de la reproducción asistida tuvieron que soportar cuando en 1978 anunciaron el nacimiento de Louise Brown, la primera “bebé probeta”. Pero sin someter su investigación a la revisión de otros científicos, sin revelar la verdad a algunos de sus colaboradores y saltándose el consenso internacional contra la edición genética en bebés, su experimento ha generado una repulsa tan inmediata como generalizada. Y su reputación, más que la de un aspirante a premio Nobel, parece la de un charlatán de feria, destinado no a los laureles, sino al oprobio.

No es que parezca lamentarlo. Este miércoles, ante un auditorio abarrotado por 700 personas, y una audiencia de miles más conectada online, He compareció con paso firme para dar explicaciones ante un congreso en Hong Kong. “Estoy orgulloso. Estoy orgullosísimo”, declaró este joven científico, desconocido casi por completo hasta el domingo pasado y con pocas publicaciones en su haber, mientras replicaba con aplomo pero sin grandes detalles a toda una batería de preguntas de los moderadores, de los medios y del público especializado.

Era el momento que llevaba por lo menos dos años esperando. Había entrado al entarimado como una estrella de cine. Haciéndose esperar unos segundos, cruzando con pasos decididos al atril. Una cartera de mano como concesión a la imagen de científico. Comenzó su intervención con una sonrisa: “Disculpas por la filtración de los resultados antes de una revisión científica”.

Fueron audibles las exclamaciones ahogadas del público. La filtración fue muy intencionada y había........

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