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El fracaso de las conversaciones Maduro-Guaidó en Oslo

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24.05.2019

La falta de continuidad en los contactos primarios que representantes de Maduro y de Guaidó sostuvieron en Oslo, tiene su explicación en factores ajenos a ambos líderes. Guaidó había recibido seguridades desde La Habana de poder lograr sus objetivos: eliminar a Maduro (Sic), nombrar un gobierno de transición y organizar elecciones limpias. El llamado “Grupo de Contacto” -que propició el encuentro- tomó como base la oferta de Trump a Cuba para retirar sus hombres de Venezuela a cambio de una “nueva apertura”, lo cual animó a los cubanos para eliminar a Maduro, dejando a Padrino al frente del ejército y a Cabello al frente del partido.

En estos planes se garantizarían los objetivos de Guaidó, pero el chavismo quedaría intacto y los intereses cubanos podrían encaminarse adecuadamente, además de resolver sus graves problemas internos con la ayuda de la prometida “apertura de Trump”. En estos planes había dos perjudicados: Por un lado Nicolás Maduro, que sería sacrificado por La Habana; por otro lado, la oposición política cubana de Miami, que vio con muy malos ojos la oferta de Trump para una nueva apertura con la dictadura castrista. Era como sacrificar a Cuba por Venezuela.

Pero el exilio cubano hizo valer la fuerza que actualmente tiene ante la administración Trump, descarrilando los planes de la “nueva apertura” prometida. La isla rápidamente había aceptado sin chistar, promoviendo los contactos en Oslo. Donad Trump sacó sus números de inmediato. No era negocio ganar la voluntad de los venezolanos a costa de perder la de los cubanos en la Florida. En las pasadas elecciones, Trump ganó el estado de la Florida por el voto cubano, porque los cubanos que votaron por Trump fue mayor que la diferencia de votos entre el candidato republicano y la candidata demócrata. Si se “abría a Cuba”, perdería la Florida.

Analizando el panorama que se presentaba, Nicolás Maduro por su parte envió su canciller a La Habana con vistas a recibir seguridades y garantías de apoyo de parte de Raúl Castro. Este, al ver frustrados sus planes de medio plazo en Venezuela, incentivaron al dictador venezolano a “elevar la parada” contra Guaidó, amenazando con adelantar las elecciones legislativas que eliminaría la Asamblea Nacional, tratando así de retomar la iniciativa perdida.

El presidente norteamericano por su parte, aclaró su posición de manera tajante y definitiva el pasado 20 de Mayo, día que se conmemoró un aniversario más de la creación de la República de Cuba, con un mensaje inequívoco de apoyo a la futura incorporación de la isla al concierto de naciones libres, democráticas e independientes, con la ayuda y el apoyo de EE.UUU.

Así las cosas, fracasada la negociación con los altos mandos chavistas por un lado y las conversaciones de Oslo por otro, sólo queda la opción de aplastar el chavismo de raíz, sea por una revuelta interna, o por una intervención militar de la coalición democrática latinoamericana que se opone al chavismo, con respaldo de la OEA y los militares venezolanos exiliados.

Consulte otros artículos de Jorge Hernández en Cubalibredigital.

NOTA DEL EDITOR: Esta opinión del autor es de su exclusiva responsabilidad y no representa los puntos de vista de Radio Televisión Martí.​

Los cubanos de las tres últimas generaciones tienen muy poco respeto y conocimientos por la historia republicana, porque desde el primero de enero de 1959 se inició una campaña de descrédito contra la República con el objetivo de recrear un pasado del cual todos los insulares se sintieran avergonzados.

Esa gestión fue parte esencial del proyecto castrista de refundación nacional. Era imprescindible presentar un país sin valores ni progresos, tampoco soberanía, para justificar un proyecto contrario al sentir nacional que hiciera posible violentar hasta la raíz las normas y costumbres de la nación.

Lo primero fue restarle trascendencia a las fiestas patrias y relevancia a los patricios de las gestas independentistas. Hubo esfuerzos por cambiar símbolos nacionales como la bandera, pero no avanzaron en ese proyecto. La historia republicana fue editada en su totalidad, solo aquellas figuras y acontecimientos que tenían algún vínculo con el nuevo régimen fueron respetados y magnificada su importancia.

Las costumbres fueron alteradas o suprimidas como ocurrió con la Semana Santa y las festividades religiosas de fin de año. El nuevo país partía de cero y su advenimiento se celebra el 26 de Julio y no el 20 de Mayo. Hasta el vestir fue censurado y la urbanidad ciudadana un rezago burgués.

La nomenclatura castrista entendió que si no se mostraba un pasado vergonzoso en el que la miseria moral y material estaba generalizada, donde la discriminación, violencia y abusos eran las normas, más una clase dirigente solo interesada en su beneficio propio y al servicio de una nación extranjera, Estados Unidos, maniobra que convertía a ese país de un solo golpe en el enemigo histórico de Cuba, no solo de la Revolución, no sería posible conseguir obreros y capataces que trabajaran para construir el edén que los Castro prometían.

El odio, el sectarismo, la discriminación de todo tipo junto a la destrucción de los patrones de conducta ciudadanos, fueron las recetas que usó el nuevo régimen, siempre aderezada con una fuerte poción de miedo, para exterminar a la Cuba que conocíamos y empezar a construir la de los Castro.

En realidad no fueron Hugo Chávez y sus compañeros de viaje, Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa los pioneros en manejar con acierto la estrategia de demonizar el pasado, avergonzar a los connacionales al descubrirle una república execrable y formular pautas que condujeran a legitimar las acciones del gobierno, por medio de otra constitución que instituyera nuevos poderes públicos con funcionarios leales al país supuestamente recién fundado.

Las propuestas chavistas de una constitución originaria y poderes originarios era el fundamento de su plan. Estaban reinventando el país, generando espacios para moldear a su antojo las nuevas instituciones, tal y como si el pasado no hubiera existido.

Paradójicamente en Cuba el término originario no tenía relevancia porque el nuevo régimen no era producto de elecciones, sino consecuencia de una rebelión armada que sustituyó un gobierno militar por otro, que a su vez derivó en una cruenta dictadura que estableció un régimen totalitario.

La implementación de las nuevas normas e instituciones se produjeron muchos años después porque en la Isla la violencia fue fuente de derecho, parafraseando una inexplicable........

© Martí