Apagón contra Trump |
15 de abril 2026 - 03:08
Qué cansancio. No hay noticia, ni internacional ni doméstica, ni política ni económica, que logre esquivar la larga cola de Donald Trump. De ocurrencias de patio de colegio (ahí está ahora la grotesca estampita como Jesucristo sanador que ha publicado en su red Truth Social) a decisiones que alteran el frágil tablero de las relaciones internacionales a escala mundial: comenzó con la guerra de los aranceles, siguió con Venezuela, se lo sigue pensando en Cuba y Groenlandia y a saber cómo terminará de deshojar la margarita en el estrecho de Ormuz. Por mucho que nos pese, es uno de los hombres más poderosos del planeta. Y lo realmente trágico de esta afirmación es que cada vez hay más evidencias, no excentricidades, de que no está cuerdo. Que no tiene capacidad para manejar tanto poder.
En su momento fue muy comentada la carta publicada por The New York Times con 233 psiquiatras cuestionando su salud mental. La alarma, hoy, no deja de contagiarse entre los suyos y por eso resulta casi esperanzador que líderes republicanos que lo financiaron y encumbraron a la Casa Blanca se empiecen a preocupar por sus delirios; que el propio movimiento MAGA se atreva a trazarle líneas rojas. ¿Puede ganar unas elecciones de medio mandato con la guerra de Irán agujereando los bolsillos de sus votantes?
Debería dejar aquí este artículo. Porque justo va en contra de lo que quiero defender: que parte de la culpa de las ínfulas de Trump la tenemos todos nosotros, del periodismo profesional a nuestras conversaciones de barra de bar. ¡Qué hago yo hablando de él en la peluquería! Y el tema no lo saqué yo.
Deberíamos castigarle con un apagón informativo sin precedentes. Dejar de hacerle caso como se hace con un niño cuando coge un berrinche. No conozco ninguna negociación que haya llegado a buen puerto sin una obligada discreción sobre posiciones, órdagos y réplicas. Con Trump todo se retransmite en directo y sin filtros. Luego llegan las consecuencias, las reales de Bolsas y mercados, y nos preguntamos si somos todos cooperadores necesarios de esos lucrativos negocios que parece seguir haciendo desde el Despacho Oval.
Aunque me cueste, voy a predicar con el ejemplo poniéndome una moratoria hasta final de año para no volver a escribir sobre Trump. Es una gota en el océano, lo sé, pero no voy a dejar de creer a estas alturas en el quinto poder.
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