Puente y la toma de la carrera oficial |
13 de abril 2026 - 03:08
Sigue coleando la polémica local (por aquello a lo que se refiere) y nacional (por quién y donde lo dijo) sobre las torpes palabras de Óscar Puente en el Senado, denunciando que el PP estaba privatizando la Semana Santa en Sevilla y Málaga al colocar vallas y paneles. Para meter miedo a los españoles, y con más intensidad a los andaluces ante las próximas elecciones, con el lobo de un PP privatizador que liquidará la sanidad y la educación públicas además de resucitar el franquismo, meter a las mujeres en casa con la pata quebrada y privar de derechos al resto de los ciudadanos, se pasó de rosca al contestar al senador Juan Ávila: “Le voy a decir una cosa como cofrade y vallisoletano que soy. No sé si la mejor manera de defender la religión es privatizar el espacio público para que la ciudadanía de Málaga o de Sevilla no pueda disfrutar de la Semana Santa, que es lo que hacen ustedes. Yo, como vallisoletano, jamás lo habría consentido como alcalde”.
Además de que, afortunadamente, nunca será nuestro alcalde, hay que decirle, como ya se ha hecho, que las vallas se instalan por razones de seguridad, para facilitar el tránsito de ciudadanos, y no para impedirles que disfruten de las cofradías como si fueran las lonas que se echaban en la antigua feria cuando empezaba el flamenco. Antonio Muñoz ha tenido que salir al quite diciendo que “no se puede opinar con precisión sobre un evento tan complejo desde la distancia” e invitándolo a conocer nuestra Semana Santa. Hombre, llamar “no opinar con precisión” a un bulo populista es demasiado suave. En cuanto a la invitación, mejor que no. Bastante tenemos.
Quizás no sea cosa de ignorancia sino de populismo. Corre por cierta izquierda el tópico sans-culottes de que la carrera oficial es un reducto clasista, burgués y aristocrático en el que de milagro no se llevan pelucas blancas, casacas, chalecos bordados y calzones, un palacio de las Tullerías que debe asaltarse para establecer una república cofrade que ya anticipan las sillitas portátiles, para algunos un frente popular sedente que toma las calles. No solo no es así, sino que todas las cofradías, y más las de menos recursos, se benefician de los cuartos que la carrera oficial procura. Lo de Puente no es desconocimiento, es demagogia populista.
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