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Vamos a la playa

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19 de abril 2026 - 03:10

El horario de verano todavía me tiene empanado. Creo que no soy el único. Tanta hora de luz nos tiene descentrados a los ursulinos, que tendemos a la hibernación. Ni suplementos vitamínicos ni pepinillos en vinagre: astenia primaveral.

Hay innovaciones que se llevan mejor con la edad, o visto de otra forma: con el paso de los años se llevan mucho peor los cambios. No sé en qué momento de la vida uno se planta y prefiere quedarse como está, sin más complicaciones que las aventuras y averías cotidianas. Hay cosas que tienen solución y otras no. Mientras el coste de la vida te supera, sea por el motivo que se inventen…Ahora nos tocan la cartera con lo del precio de la energía, es decir, volvemos a la casilla neotiesa de salida.

De esta forma simultaneamos los grandes desastres de titular a toda plana con las pequeñas aventuras y sucesos cotidianos, como cambiar una bombilla o la alcachofa de la ducha, mientras la vitalidad nos respete, que no está el Servicio Andaluz de Salud para muchas cuitas médicas. Para confusión medible están las cosas del tiempo. Y el tiempo que duran las cosas. Ya voy por la tercera estación meteorológica casera de esas que miden desde la velocidad del viento, grado de humedad, temperatura y precipitación. Esta última viene con una pantalla de colorines, se conecta a internet y da la brasa por el móvil. A ver lo que dura la tecnología de usar y tirar. De momento ha resultado chillona, porque mientras la configuro correctamente, pita a deshora cada vez que registra el parámetro de una máxima o una mínima de lo que sea. El invento es práctico para saber con cuántas capas o paraguas tienes que salir a la calle. En primavera entramos en modo cebolla y hay que estar espabilados con eso de ir acomodando la indumentaria al sol y a la sombra, que luego a las alergias se suman los resfriados. Mientras los viejennials locales se pasean con jersey e incluso cazadora, los guiris ya van a chancla descubierta y muslamen blanco nuclear, que es mucho más amable que la guerra atómica que pende sobre nuestras malas paranoias y cabezas. Por esa razón, ya que estamos en Cenacheriland, lo más cabal en domingo es armarse con una sombrilla, tirar de toalla y bañador. Vamos a la playa, donde los horizontes azules nos tranquilizan y alegran la vista.

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