Arrastrado por mi mujer |
12 de abril 2026 - 03:10
Lo decía un amigo a otro cuando se encontraron a la entrada del IKEA. Gritaba porque los sobrevolaba un avión. Como todo quisqui en Cenacheriland atravieso el Guadalhorce para modernizar la madriguera. Y el sábado no era plan de contradecir a la enemiga íntima que cumple años, aunque la edad no pase por ella. A veces pienso que la santa tiene ADN de Dorian Gray. De todas formas, la experiencia albondiguilla escandinava te ayuda a descifrar el consumo con precisión de ángulo de 90º. Experiencia cliente lo llaman y es la forma de llevarse la tarjeta al datáfono. De entrada comienzan bien porque su parking fotovoltaico tiene plazas muy anchas en estos tiempos de vehículos SUV normales. Dentro del cubo azul comienza la procesión por un itinerario de pasillos que parece un escape room. En esta ocasión me sentí como en el videojuego Pac-Man pero sin prisas. Te dejas llevar por la marea de familias con carritos de niño y perrhijos mientras las ofertas te persiguen. Encima ahora dentro de la mueblería tienes cobertura de móvil para poder localizar a la pareja cuando te pierdes. Todo iba muy bien hasta que hubo que buscar un WC para aliviar la vejiga. Con el agobio me dieron ganas de desaguar en un baño de exposición. Una vez localizado el aseo la situación me hizo sentir un poco Epstein dado que el cambiador de pañales de bebé, estaba demasiado cerca del urinario, hecho que comenté dando la espalda a un padre que aseaba a su criatura. También me sorprendió la enorme fila de señoras que esperaban turno en la toilet para sus cosas. Será motivo de igualdad, pero si yo fuera sueco duplicaría el aforo de los servicios de mujeres por razones obvias. Y no me vaya a interpretar que la propuesta es machirula porque lo de cambiar los dodotis los señoros lo tenemos superado desde hace décadas. Para no dejarle con mala referencia olfativa también le comento que los nórdicos se emplean bien en el aromarketing. Todo el recinto huele vela relajante o de toto de Gwyneth Paltrow. En resumen, el síntoma es mucho hogar se decora como piso turístico y las viviendas se jibarizan con obligatorio cubil de telecurro. Lo que más me llamó la atención fue que a la salida hubiera que hacer más cola para comprar un cupón de la ONCE que para pasar por caja. Todo un síntoma neotieso.
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