Cuando Trump se haya ido |
13 de abril 2026 - 03:08
Aunque a veces lo pudiera parecer, Trump no será eterno. Su permanencia en la Casa Blanca tiene fecha de caducidad, a pesar de que se da por hecho que intentará forzar las costuras de la Constitución para tener un tercer mandato, algo inédito en la bicentenaria trayectoria de los Estados Unidos. Lo logre o no habrá un día en que Trump sea solo una página de la historia y no precisamente de las más brillantes.
Pero cuando Trump pase, su huella en la política mundial y en la de su propio país permanecerá viva durante años. Llegarán presidentes con otros planteamientos e incluso el Partido Demócrata, hoy poco más que un cadáver tirado en la cuneta, será capaz de reconstituirse y presentar una propuesta atractiva para los estadounidenses. Y sin embargo la política no volverá a ser igual. Eso se va a notar sobre todo en las relaciones internacionales de Estados Unidos y va a incidir de forma muy acusada en los vínculos con Europa. La relación trasatlántica que definió los equilibrios mundiales tras la Segunda Guerra Mundial y luego tras la Guerra Fría no se van a reconstruir. Washington ha girado su foco de atención hacia Asia y el Pacífico. El giro empezó antes de Trump y el actual mandatario lo único que ha hecho es acentuarlo con sus métodos groseros y autoritarios.
Europa necesita hacer una lectura correcta de esta realidad porque le esperan tiempos que no van a ser fáciles ni cómodos. Estados Unidos ha dejado ya de cubrir con su manto protector la seguridad de continente y ahora le toca a ella estar preparada para hacer frente a las amenazas que le puedan aparecer. Esta situación no llega en tiempos fáciles en los que la geopolítica es un lago de aguas tranquilas, sino en la época más convulsa de los últimos ochenta años. Para los europeos Rusia no constituye un riesgo difuso, sino una realidad peligrosa como demuestra en Ucrania y en su nada oculta ambición sobre las repúblicas bálticas.
Si Europa quiere seguir siendo lo que ha sido hasta ahora no le queda otra que acelerar su proceso de unidad y tomárselo en serio desde todos los puntos de vista. El de la defensa y el de la fiscalidad, que deben cohesionar el territorio y la moneda, son los más importantes y los más prioritarios. Vamos ya demasiado tarde.
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