No me esperen en abril

14 de marzo 2026 - 03:09

Parece que Alfredo Bryce Echenique decidió dejarnos esta semana y con su humor habitual parecía despedirse fiel a sí mismo: No me esperen en abril, el título de una de sus novelas. Bryce empezó siendo una suerte de Proust limeño, que retrataba la clase alta a la que pertenecía como nadie, desde el paisaje de la infancia en su inolvidable Un Mundo para Julius para seguir escribiendo del amor y la amistad desde el humor a unos personajes que tenían mucho de supropia vida.No era de la primera generación del boom latinoamericano, sino que llegó algo después.Formaba parte de esos tres mosqueteros de la literatura peruana: Mario Vargas Llosa, Julio Ramón Rybeiro y él mismo. Como ellos emprendió el camino del escritor latinoamericano fascinado por Europa y, de hecho, su obra no se puede entender sin esa vida cosmopolita en laque tan importante fue la Lima y el Perú inicial como el París de La Vida Exagerada de Martín Romaña, desde luego, su novela más tronchante y divertida. Toda esa vida en Europa se refleja en sus novelas y sus cuentos pero también en sus tres volúmenes de memorias, donde juega un papel especial también España, donde vivió también. Cuando le leí por primera vez me sorprendió tanto su inolvidable Julius como aquellos cuentos de La Felicidad JaJa. Bryce Echenique te conmueve con su mundo y con su difícil búsqueda de la felicidad a través del amor y de la amistad, pero pase lo que pase, tiene el don de hacerte reírcomo pocos en la novela latinoamericana. Son lecturas gozosas. Pocos te hacen reír como él. Yo también tuve ocasión de conocerle y de expresarle lo mucho que me gustaba su obra y lo que había disfrutado leyéndole. Fue en 2002, había ganado el Premio Planeta con su obra El huerto de mi amada, una novela menor. Me lo encontré completamente solo en El Corte Inglés de Málaga, rodeado de ejemplares del libro premiado, esperando educadamente a que llegara alguien o a que terminara aquello para irse, seguramente, a tomarse una copa. Supongo que ante tal situación pensaría, “muchas veces, sólo el humor nos permite sobrevivir al espanto” -mira tú por donde, pero si esto lo he escrito yo en La amigdalitis de Tarzán-. Genio y figura. Inolvidable, Bryce.

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