Reiniciando relaciones diplomáticas |
Hace nueve días, el 14 de febrero, se conmemoraron los 147 años de la acción que inició la Guerra del Pacífico, resultado de la cual Bolivia perdió una importante cantidad de territorio, vale decir, toda su costa, el departamento del Litoral, ubicada muy al sur y al otro lado de la cordillera.
La guerra fue abusiva, y seguramente injusta, más allá de que Bolivia la declaró, confiando en el Perú, y se puede entender la reacción de nuestros antepasados respecto a ese conflicto, la animadversión hacia el país agresor, e inclusive las ansias de volver al mar, hasta de recuperar Antofagasta, pero reitero, eso estuvo bien para los bolivianos de la primera mitad del siglo 20.
A estas alturas, la experiencia debería decirnos que el tema, en cuanto a las relaciones con Chile va por otro lado, casi un siglo y medio después, la realidad debe imponerse, sobre todo luego del enorme fiasco de La Haya, orquestado por el MAS, con el solo fin de eternizarse en el poder.
Hago esta pequeña reflexión debido a que el nuevo Gobierno ha ofrecido un nuevo enfoque en relación con nuestra diplomacia, y se ha hablado de reabrir embajadas en Santiago y en La Paz.
La propuesta es lo más sensato que se puede hacer. Es ridículo, y lo fue el día en que se rompieron relaciones en el año 62 y nuevamente en el 78, carecer de embajadas bien puestas y operantes entre vecinos, aun estando con enormes desavenencias.
La idea de formalizar las relaciones diplomáticas puede ser muy ventajosa, sobre todo porque se levantan resquemores, lo que podría ayudar a hacer fluir de mejor manera el comercio, la inversión, y un genuino acceso al mar, vale decir, las mejores facilidades para que podamos usar los puertos chilenos, ante todo los que una vez fueron peruanos, (Arica e Iquique), pero también Antofagasta, la que fue tomada aquel luctuoso 14 de febrero.
La experiencia de este más de un siglo después de la firma del tratado de 1904 tiene que hacer entender al colectivo boliviano, y a sus autoridades, que se trata de un capítulo completamente cerrado, y que por el bien del país, se tiene que actuar a partir de los hechos consumados. Más vale tarde que nunca.
En estos nuevos tiempos, que deben estar completamente alejados de los errores del MAS, se debe imponer una idea clara de que las nuevas relaciones diplomáticas entre ambos países son tremendamente importantes, y pueden ser muy beneficiosas para Bolivia, pero siempre y cuando no sean parte de una estrategia para volver al reclamo marítimo.
Bolivia necesita facilidades absolutas en los puertos, no necesita soberanía de los mismos.
Si la reanudación de relaciones diplomáticas plenas se da, ya me imagino la plañidera del “Nocapi” Lara (Nocapi, dicese de quien fue capitán de la Policía, retirado de esa institución, pero que insiste en llevar un apelativo que no le corresponde), y la adscripción de los opositores oportunistas, no hay como el (falso) patriotismo, para lucirse.
El futuro nuevo Gobierno de Chile ha adelantado que tendrá una política muy estricta respecto de sus fronteras, vale decir la peruana y la boliviana, eso no está mal, y no debe preocupar a los bolivianos, aunque implicará un sinceramiento respecto del rol que juega el comercio de la droga hacia ese país, y el lavado de las ganancias del mismo.
Si este Gobierno reinicia relaciones diplomáticas plenas con Chile, estará demostrando que es un Gobierno de una Bolivia capaz de librarse de sus fantasmas, y por ende de sus traumas.
El autor es operador de turismo