Sangre derramada |
Nuestra imagen de ser un país díscolo y rebelde, pero finalmente apegado a prácticas ajenas a la violencia abierta, empieza a desvanecerse por la firme alza de asesinatos, ejecuciones, secuestros, incendios premeditados, invasiones, focalizadas de momento, pero con un potencial considerable de expansión e impregnación.
El asesinato de un juez encargado de litigios de tierra y territorio subraya que mantener una mirada exclusiva policial y criminal, no atiene ni entiende el tamaño del problema.
Los bolivianos nos hemos refugiado, durante las múltiples oportunidades en que se dibujaba un inminente estallido de violencia a gran escala, en la idea de que en nuestra historia la tendencia social predominante se ha inclinado por impedir situaciones de choque abierto, prefiriendo salidas negociadas y pacíficas.
La resistencia social ante expresiones de violencia desatada ha afectado tanto a organizaciones insurgentes, que nunca consiguieron una amplia irradiación de su influencia, como al terrorismo de Estado. Inclusive las organizaciones criminales más proclives a las espirales violentas, como las dedicadas a la producción y tráfico de cocaína, experimentaron ese freno........