La negra gasolina
La gasolina negra está paralizando al país y será bueno hacer un ejercicio para descubrir a quién beneficia este negocio, porque negocio bien jugoso tiene que ser, aunque sea negro.
Hay tal cantidad de cosas que dice el Gobierno sobre esto que resulta difícil encontrar el hilo que nos lleve al ovillo.
Entraron 6.000 camiones cisterna trayendo esa gasolina desde Chile. Esto apunta a los dueños de esos camiones, aunque ellos podrán alegar que los camiones sólo traen los líquidos que cargan, sin mirar si la gasolina es negra o rubia, como debería ser.
La gasolina negra viene de Iquique, y eso podría ayudar a descubrir quiénes están en el negocio. Porque, como se sabe, también de Iquique llegan los autos chutos. Aquí hay gato encerrado.
Si los autos se paran por culpa de la gasolina negra, hay que reemplazarlos de inmediato y para ello están los chutos, que ahora están entrando más que de costumbre.
Se podría decir que el parque automotor se está renovando aceleradamente. Y esto se debe agradecer a los aduaneros que cierran un ojo y hasta dos para dejar pasar a los chutos, y a los policías que, haciéndose los dormidos, “controlan” el paso de esos autos, siempre que sus dueños hayan pagado los 200 dólares por cada uno.
Se calcula que, entre pitos y flautas, aduaneros y policías, o al revés por eso de los pitos, cada chuto aumenta su precio en unos mil dólares sólo dentro de territorio boliviano.
Lo que se paga a los chilenos ya es otro cantar, aunque se sospecha que con eso de las zanjas el pago aumente porque harán falta puentes. Se viene un aumento del precio de los chutos.
Un amigo mecánico que dijo que gracias a la gasolina negra ahora tiene mucho trabajo y ya no caben en su taller los autos que debe arreglar. Los mecánicos, en este caso, son beneficiarios inocentes, o colaterales, como se dice ahora.
Los autos más afectados por esta gasolina son los que usan inyectores en lugar de carburadores y en este siglo ya no se fabrican con carburadores. El mío, felizmente, es de 1980 y tiene un carburador al que la negra gasolina no le hace ni cosquillas.
Por último, los importadores de autos eléctricos, que no deben hacerse los angelitos. Entre enero y febrero han importado autos eléctricos por siete millones y medio de dólares. Lo que no les dicen a los compradores de esos autos es que dentro de poco no habrá electricidad, porque se acaba el gas natural.
Un auto que funcione con taquia (Excremento seco de algunos animales que se utiliza como combustible N. del E.) sería la solución.
El autor es periodista
